Anuncio

13 junio 2008

Ese encantador psicópata

(primera parte)
Evite angustiarse y sepa cómo reconocer a un depredador social antes de que ataque.

Jeffrey Dahmer. Ted Bundy. Hannibal Lecter, estos son los psicópatas cuya asombrosa falta de conciencia vemos en las películas y en los periódicos. Tanto hombres como mujeres ejercen su cacería en los lugares de trabajo, en el hogar, y en las relaciones sociales dejando tras de sí una estela de ansiedad y confusión. He aquí cómo localizarlos antes de que ellos le localicen.
Elsa le conoció en una lavandería en Londres. Dan era abierto y amistoso y enseguida se cayeron bien. Desde el principio ella le encontró sumamente divertido, estaba sola, el tiempo era gris y no conocía un alma en esa parte del Atlántico.
"Ah, los viajeros solitarios" remarcó Dan divertido durante la cena "Son los peores".
Después del postre él descubrió no sin el consiguiente sofoco que se había olvidado la billetera. Ella estuvo más que feliz de pagar la consumición de ambos. En el pub, entre copa y copa, Dan le dijo que era traductor de las Naciones Unidas y que, por ahora, se hallaba pendiente de destino.
Se vieron cuatro veces aquella semana, cinco la semana siguiente y poco después Dan se trasladó a vivir con Elsa. Aquello iba en contra de su forma de ser pero ¡cómo podía desperdiciar el momento de su vida!
No obstante, habían detalles a los que Elsa no encontraba demasiada explicación y que nunca habían discutido, lo cual no paraba de darle vueltas a la cabeza, como que nunca la invitaba a su casa, no conocía a sus amigos, etc. Una noche el trajo una caja llena de cintas-envueltas con plástico desde fábrica, sin abrir—unos pocos días después, ya no estaban. Una vez al llegar a casa encontró tres aparatos de televisión en un ángulo de la habitación. “Los guardo para un amigo” fue todo lo que Dan le dijo, cuando le preguntó.
En una ocasión estuvo fuera durante tres días y ella le encontró durmiendo en la cama al mediodía. “¿Dónde has estado?”, le preguntó ella. “Me has tenido muy preocupada. ¿Dónde estabas?”
El le contestó de forma agria al despertarse “Nunca vuelvas a preguntarme eso”
“¿Qué?”
“Dónde voy, lo que hago y con quien estoy, no te concierne, Elsa”.
Era como una persona distinta. Luego pareció recomponerse de su despertar y yendo hacia ella le dijo: "Se que duele”, le dijo empleando el ya conocido tono caballeroso “pero creo que los celos son como una gripe, sólo esperas recuperarte de ella y tu puedes, cariño, tu puedes”. Como la mamá gata lamiendo a sus gatitos, del mismo modo procuraba generar la suficiente confianza hacia él.
Una noche, Elsa le pidió si podía bajar a la esquina y comprar un helado. El no contestó y cuando Elsa alzó la vista para mirarle, se encontró con las más furiosa que recordaba “siempre consigues todo lo que quieres, ¿verdad?”, preguntó de una forma extraña “aunque sea la más pequeña cosa, la pequeña Elsa encuentra a alguien que salta y corre para proporcionársela ¿no es cierto?”
"¿Bromeas? Yo no soy así. ¿De qué estás hablando?”
Se levantó de la silla y salió. Nunca más le volvió a ver.
Existe una clase de personas en cualquier raza, cultura sociedad y forma de vida que todos podemos encontrarnos y sentirnos decepcionados, manipulados y forzados a vivir con ellos o reparar el daño o la ansiedad que nos hayan podido ocasionar. Esos a menudo encantadores—pero siempre conflictivos—individuos tienen un nombre clínico: psicópatas. Su común denominador es una falta de conciencia asombrosa, su juego es siempre obtener gratificación a expensas de otra persona. Muchos pasan tiempo en prisión, pero otros no. Todos ellos toman mucho más de lo que dan. Las expresiones más obvias de la psicopatía—aunque no las únicas—incluyen la fragrante violación de las reglas sociales. Por eso, muchos psicópatas son criminales, pero hay algunos que usan su encanto y su camuflaje a lo camaleón para envolver y confundir, dejando tras de sí vidas arruinadas y trastornos ansiosos difíciles de controlar.
La mayor parte de mi casi cuarto de siglo dedicado a la investigación sobre las respuestas a este enigma ha sido el esfuerzo concienzudo en desarrollar formas de detectar a los psicópatas entre nosotros. La medida y categorización son, desde luego, fundamentales en cualquier entorno científico, pero las implicaciones de ser capaz de identificar psicópatas es mucho más práctico que académico. Simplificando, si no podemos tenerlos ubicados estamos condenados a convertirnos en sus víctimas, tanto sea de forma individual como socialmente.
Mi papel en la investigación de los psicópatas empezó en 1960 en el departamento de psicología de la University de British Columbia. Mi interés creciente en los psicópatas apareció con mi experiencia en el trabajo con psicópatas en la prisión para formar lo que luego sería el trabajo de mi vida.
Reuní un equipo de profesionales clínicos que identificarían población de psicópatas en la prisión a través de largas y detalladas entrevistas y una información de archivo detallada. Pudimos sacar una herramienta de diagnóstico altamente fiable a utilizar por cualquier clínico o investigador y que demostró ser una guía detallada del perfil del trastorno de personalidad denominado psicopatía. Lo llamamos “El formulario de la psicopatía” (Multi-Health Systems; 1991), que está siendo utilizado en todo el mundo y proporciona una especie de manual para los profesionales en el campo sobre cómo distinguir, con una razonable certeza, a los psicópatas verdaderos de aquellas persona que únicamente rompen las reglas establecidas.
Lo que a continuación se facilita es un resumen de los rasgos y comportamientos de un psicópata. No use estos síntomas para diagnosticarse a usted o a otros. Un diagnóstico requiere un aprendizaje explícito y tener acceso a un manual de resultados establecidos. Si sospecha que alguien conocido coincide con el perfil descrito aquí, y es importante para usted disponer de una opinión experta, debería conseguir los servicios cualificados de un psiquiatra o psicólogo forense.
Tenga también en cuenta que personas que no son psicópatas pueden tener algunos de los síntomas descritos. Muchas personas son impulsivas, o habladoras o frías e insensibles, pero ello no significa que lo sean. La psicopatía es un síndrome—un grupo de síntomas relacionados.
Síntomas clave de la psicopatía
Emocional/Interpersonal:
• Hablador y superficial
• Egocéntrico y con delirios de grandeza
• Falta de remordimiento o culpa
• Falta de empatía
• Engañador y manipulador
• Emociones superficiales
Social:
• Impulsivo
• Escaso control del comportamiento
• Necesidad de excitación
• Falta de responsabilidad
• Problemas de comportamiento a edades tempranas
• Comportamiento antisocial en la edad adulta
Al pensar en la psicopatía nos lleva directamente a hacernos una pregunta simple: ¿Por qué algunas personas son así?

Fin primera parte

No hay comentarios: