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19 septiembre 2006

Trastorno de Pánico

Los ataques de pánico consisten en la aparición de un miedo intenso que se inicia de forma brusca y alcanza su máxima expresión habitualmente dentro de los 10 minutos. La persona experimenta una sensación de peligro o de muerte inminente y una urgente necesidad de escapar, acompañada de síntomas corporales como palpitaciones, sudoración, sensación de ahogo, mareos, etc. —respuestas fisiológicas normales que forman parte del miedo y de la ansiedad—. Cuando se ha producido más de uno y el individuo queda pendiente de que se repitan, o modifica aspectos de su estilo de vida por haberlos tenido, se habla ya de un “Trastorno de Pánico”.
Aunque recién en 1980 el Manual Diagnóstico y Estadístico de la Asociación de Psiquiatría de los Estados Unidos definió al Trastorno de Pánico como hoy lo conocemos, en ese corto tiempo se produjeron importantes avances en la comprensión de sus causas y, en consecuencia, en el diseño de tratamientos específicos para su curación.
TODO COMENZÓ CON UN ATAQUE. Cuando atraviesan o acaban de atravesar un período de estrés, algunas personas reaccionan con un ataque de pánico. Su cerebro —debido a una predisposición genética— se “equivoca” y reacciona con terror ante un peligro que no existe. Aunque 10-12% de la población ha experimentado por lo menos un ataque de pánico en los últimos 12 meses, sólo uno de cada diez de quienes lo sufrieron desarrollará un Trastorno de Pánico. El miedo ante las sensaciones corporales que son parte de la ansiedad es la causa que transforma a lo primero en lo segundo. Esto le sucede a un individuo con determinadas vulnerabilidades biológicas y psicológicas. Por factores genéticos, alguien nace predispuesto a experimentar emociones desagradables —miedo, tristeza, rabia, vergüenza— en forma más intensa y más frecuente que otros. Pero no llegará a materializar esta predisposición a menos que aprenda a creer, ya desde sus primeros años, que él no está al frente de su propia vida, a creer que —por el contrario— su vida está gobernada por fuerzas poderosas que no controla —la suerte, los otros, el destino—. Esta combinación de factores genéticos y experiencias psicológicas predispone a sufrir cualquiera de los numerosos trastornos de ansiedad. ¿Cómo se produce, entonces, la “especialización” en temerle a las sensaciones corporales que forman parte de la ansiedad? Es que ya de niños sus padres sobreprotectores y ansiosos le enseñaron —de manera explícita o a través del ejemplo— que cuando el corazón late rápidamente o cuando uno se marea, o le falta el aire, es siempre alarmante o que experimentar cierto nivel de ansiedad es intolerable y conducirá a “perder la cabeza”.
También es frecuente que estos pacientes hayan sufrido hechos traumáticos, tales como la muerte súbita de un ser querido. “Mi padre volvió de hacerse un electrocardiograma que le dio normal y cuando entró a casa, cayó muerto al suelo”, contará un paciente en quien una puntada suave y para nada peligrosa que sienta en el pecho termina en ataque de pánico. Cuando alguien con estas vulnerabilidades previas afronta determinados acontecimientos vitales difíciles y su nivel de ansiedad aumenta, saldrán a la luz sus creencias en la incontrolabilidad y peligrosidad de las sensaciones corporales. Modificar estas concepciones erróneas constituye el eje del tratamiento cognitivo-conductual del Trastorno de Pánico.

18 septiembre 2006

¿Podemos saber si tenemos ansiedad con un test?

Aunque siempre debe ser nuestro médico quien diagnostique los trastornos de ansiedad, algunos test pueden indicarnos el grado de ansiedad que padecemos y si debemos acudir a consulta.
Todo el mundo ha sentido alguna vez ansiedad: nervios ante un examen, tensión en el trabajo porque algo no ha salido como estaba previsto, hormigueo en el estómago al ver a una persona que nos gusta. La ansiedad no es más que un recurso que el cuerpo humano utiliza para hacer que actuemos y nos enfrentemos a diferentes situaciones y que saquemos el mejor rendimiento de nosotros. Así, por ejemplo, nos ayuda a estar atentos al hablar en público, a mantenernos concentrados en un examen o a estar alertas ante una situación peligrosa. Sin embargo, hay veces que esa misma tensión provoca el efecto contrario en nuestro organismo e impide que nos enfrentemos a cualquier situación. Es entonces cuando se padece un trastorno de ansiedad. Los test que presentamos a continuación tan solo son orientativos y carecen de valor diagnóstico. Eso sí, en caso de que sus puntuaciones estén por encima de la media, la recomendación es visitar a su médico.
Test Psicométrico de ansiedad de Hamilton
Valore según la puntuación que aparece de 0 a 4, la intensidad con que se cumplieron (o no) en el último mes los síntomas que se describen en cada uno de los apartados y súmelos al final del test.
0. Ausente
1. Intensidad ligera
2. Intensidad media
3. Intensidad elevada
4. Intensidad máxima (invalidante)
1- Humor ansioso: Inquietud. Expectativas de catástrofe. Aprensión (anticipación temerosa). Irritabilidad.
2- Tensión: Fatigabilidad. Imposibilidad de estar quieto. Reacciones de sobresalto. Llanto fácil. Temblores. Sensaciones de incapacidad para esperar.
3- Miedos: A la oscuridad. A personas o lugares desconocidos. A quedarse solo. A los animales. A la circulación. A la muchedumbre.
4- Insomnio: Dificultades de conciliación. Sueño interrumpido. Sueño no satisfactorio, con cansancio al despertar. Sueños penosos. Pesadillas. Terrores nocturnos.
5- Funciones Intelectuales (Cognitivas): Dificultad de concentración. Mala memoria.
6- Humor depresivo: Pérdida de interés. No disfruta del tiempo libre. Depresión. Insomnio de madrugada. Variaciones anímicas
7- Síntomas somáticos musculares: Dolores en todo el cuerpo. Rigidez muscular. Sacudidas musculares. Rechinar de dientes.
8- Síntomas somáticos generales: Zumbido de oídos. Visión borrosa. Oleadas de calor o frío. Sensación de debilidad. Sensaciones de pinchazos y hormigueos.
9- Síntomas cardiovasculares: Taquicardia. Palpitaciones. Fuerte dolor en el tórax. Sensaciones frecuentes de "baja presión" o desmayos. Extrasístoles (arritmias cardíacas).
10- Síntomas respiratorios: Opresión en el pecho. Sensación de ahogo o falta de aire. Suspiros. Disnea (dificultad para respirar).
11- Síntomas gastrointestinales: Dificultades para evacuar el intestino. Gases. Dispepsia: dolores antes o después de comer, ardor, hinchazón abdominal, nauseas, vómitos, constricción epigástrica. Cólicos, espasmos abdominales. Diarrea. Pérdida de peso. Estreñimiento
12- Síntomas genitourinarios: Micciones frecuentes o imperiosas. Amenorrea (falta del período menstrual). Metrorragia (hemorragia genital). Frigidez. Eyaculación precoz. Impotencia. Ausencia de erección.
13- Síntomas del sistema nervioso: Boca seca. Accesos de enrojecimiento. Palidez. Tendencia a la sudoración. Vértigos. Cefalea (dolor de cabeza). Tensión.
14- Conducta en el transcurso del test: Tendencia al abatimiento. Agitación: manos inquietas, juega con los dedos, cierra los puños, tics, aprieta el pañuelo en las manos. Inquietud: va y viene. Temblor en las manos. Rostro preocupado. Aumento del tono muscular o contracturas musculares. Respiración entrecortada. Palidez facial. Traga saliva. Eructos. Taquicardia o palpitaciones. Ritmo respiratorio acelerado. Sudoración. Pestañeo.
Si su puntuación es igual o mayor a 18 se recomienda consultar con un especialista para que realice un diagnóstico, ya que puede estar padeciendo un Trastorno de Ansiedad.
Test de Ansiedad Generalizada (T.A.G)
Este Test esta basado en los Criterios de Diagnóstico de Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG) de la Asociación Americana de Psiquiatría (DSM-IV-TR). Las respuestas tan solo deben ser SI o NO.
A. ¿Sufre usted de ansiedad y preocupaciones excesivas sobre una amplia gama de acontecimientos o actividades (como el rendimiento laboral o escolar), que tienen una duración mayor a seis meses?
B. ¿Le resulta difícil controlar este estado de constante preocupación?
C. La ansiedad y preocupación se asocian a 3 o más de los siguientes síntomas:
- Nerviosismo, inquietud o impaciencia
- Fatigabilidad (cansancio) fácil
- Dificultad para concentrarse o tener la mente en blanco
- Irritabilidad
- Tensión muscular
- Alteraciones del sueño: dificultad para conciliar o mantener el sueño o sensación al despertarse de sueño no reparador
D. La ansiedad, la preocupación o los síntomas físicos provocan un malestar significativo o deterioro en las relaciones familiares, sociales, laborales o de otras áreas importantes de su actividad:
Si ha respondido que SI a los criterios A, B y D, y por lo menos a 3 de las cuestiones del apartado C, Usted cumple con algunos criterios de diagnóstico de Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG).
Recuerde que estos test son orientativos, pero debe consultar a su médico si está fuera de los rangos de normalidad que se han descrito.

04 septiembre 2006

Riesgo de desarrollar enfermedad maníaco depresiva

La enfermedad maníaco depresiva, forma parte del grupo de enfermedades psiquiátricas, en las que se presenta un trastorno severo del estado de ánimo en forma recurrente, manifestado por estados cambiantes de depresión y ansiedad, pero también ciclos de euforia y excitación.

La frecuencia en la presentación de la enfermedad maníaco depresiva, en pacientes a quienes inicialmente se les diagnostica depresión, ha sido poco estudiada dentro de los desórdenes psiquiátricos. Se estima que la posibilidad de que una depresión progrese a manía, es de 5% a 10%; sin embargo se conocen reportes con cifras muy diferentes, en los cuales el porcentaje de pacientes con depresión repetitiva que progresan a manía, es mucho mayor.

Queriendo saber más acerca de la relación de estas dos enfermedades, se llevó a cabo un estudio multicéntrico prospectivo, con seguimiento a 15 años, de 74 pacientes con edad promedio de 23 años.

El estudio se centró en tres aspectos principales: primero, saber cual es el riesgo que tiene un paciente que ha sido hospitalizado por depresión repetitiva, de desarrollar en 15 años manía ó hipomanía. Segundo, cual puede ser la característica clínica asociada con el desarrollo de trastorno depresivo ó enfermedad bipolar. Por último, esclarecer la relación del uso de antidepresivos con la conversión de depresión repetitiva a enfermedad maníaco depresiva.

Se encontró que durante el tiempo del estudio, 14 pacientes presentaron al menos un episodio maníaco agudo y 19 presentaron uno ó más crisis maníacos leves. Los criterios significan que 33 pacientes desarrollaron manía o hipomanía durante el seguimiento.

No se encontró relación significativa entre el uso de antidepresivos y cuadros de manía después de haberse diagnosticado depresión repetitiva. Tampoco se encontró influencia de otros factores como sexo, edad, antecedente familiar de enfermedad maníaco depresiva, enfermedades del afecto ó consumo de drogas estimulantes del sistema nervioso central.

Los autores concluyeron que adolescentes y adultos jóvenes con diagnóstico de depresión repetitiva tiene un gran riesgo aumentado desarrollar enfermedad maníaco depresiva en los 15 años siguientes al diagnóstico de depresión, por lo cual requieren vigilancia cercana.
Revista Latinoamericana Virtual de Psiquiatría, Neurología y Neurociencias

Síndrome de intestino irritable

Los trastornos del aparato digestivo ocurren con mucha frecuencia; es común escuchar: me tome unos tragos anoche y amanecí con diarrea o tengo varios días sin ir al baño pero eso es todo el tiempo, ya me acostumbré, vivo constantemente con unos retorcijones de tripas, ya me dieron a tomar algo que le prestó a mi hermano y no dejó de hacer.

Generalmente nos automedicamos y nos desesperamos porque el cuadro no mejora, estamos tirando piedras con los ojos vendados. Los trastornos gastrointestinales son muy variados y de múltiples causas y uno de los más frecuentes es el que se conoce como Colon Irritable, término con el que particularmente no estoy de acuerdo, porque su sintomatología y los trastornos de la motilidad no se limitan exclusivamente al colon, abarca a todo el tracto gastrointestinal, por lo que prefiero utilizar un término más amplio: Síndrome de Intestino Irritable.

¿Qué es el síndrome de intestino irritable?

Como todo síndrome, es un conjunto de signos y síntomas, alteraciones crónicas que involucran a todo el tubo digestivo pero que sus manifestaciones más evidentes son a nivel del colon, con alta frecuencia en adultos y con predominancia en sexo femenino; afecta aproximadamente al 22% de la población y parece deberse principalmente a factores psicosociales e incluso a determinado perfil psicológico de personalidad con tendencia al estrés.

Si bien es cierto que todas las personas con diagnóstico de Intestino Irritable sufren o están sometidas a distintos niveles de estrés y/o a determinados alimentos, no todas las personas con estrés presentan esta enfermedad, por lo cual pareciera existir un intestino más susceptible a la acción del estrés y determinados alimentos que otros. El cuadro clínico del Intestino Irritable está formado por dolor abdominal, estreñimiento, diarrea o alternancia entre estreñimiento y diarrea, meteorismo o flatulencia por la gran producción de gases en el intestino que puede llevar a una distensión del abdomen, relacionado con el estrés, ansiedad, depresión. Sin que se demuestre una alteración anatómica o metabólica.

Causas

No hay una causa específica de este trastorno, se produce por la interacción de un conjunto de circunstancias, siendo las más importantes el estrés y determinados alimentos. La persona que sufre de Intestino Irritable, por lo general conoce que el consumo de ciertos alimentos empeora su cuadro, lo cual podría explicarse por una particular intolerancia en grado variable, siendo más frecuente al trigo, productos lácteos, café, cafeína, chocolates, alimentos ricos en grasas, refinados, frutas confitadas, sopas de sobre, alcohol y bebidas gaseosas.

El estrés puede afectar a cada persona de manera muy diferente, alguna con taquicardia, ansiedad, pánico, dolores de cuello y espalda, etc. Pero en las personas con intestino irritable pareciera ser que el intestino es el órgano de choque de las emociones debido a su mayor sensibilidad, respondiendo en forma exagerada a estímulos que a otras personas no les produciría ninguna alteración. No olvidemos que la motilidad intestinal está controlada por los nervios y las hormonas.

Sin embargo para el diagnóstico de Intestino Irritable se deben descartar todas las alteraciones morfológicas y metabólicas que pudieran estar causando los síntomas.

Consejos útiles si sufre de Intestino Irritable

Si ha tenido un diagnóstico médico de Intestino Irritable y presenta estreñimiento, diarrea leve o alternancias de estreñimiento y diarrea, debe aumentar el consumo de fibras mediante la ingesta de alimentos ricos en fibras y a los cuales no tengas intolerancia, como pan integral, frutas con piel, verduras, salvado o afrecho de trigo mezclado con líquidos o los alimentos; es importante que determine qué alimentos se relacionan con la aparición del cuadro, es aconsejable no masticar chicles, ni ingerir bebidas gaseosas ni alcohólicas porque pueden agravar los síntomas; debe elaborar una dieta baja en grasa, evitar las comidas copiosas, es preferible que coma menos pero con más frecuencia, comiendo despacio y masticando bien los alimentos. Aumente la ingesta de agua sobre todo si predomina el estreñimiento. Practique un régimen regular de ejercicios, trate en lo posible de manejar adecuadamente el estrés si le es imposible evitar las situaciones estresantes; practique ejercicios de relajación, la meditación y el yoga pueden serle útiles.

Carlos Basanta
Correo del Caroní