23 mayo 2008

Estrés, ansiedad y corazón

¿Puede el estrés dañar su corazón?
Hace ya algún tiempo que los investigadores sospechaban que el estrés dañaba de alguna forma nuestro cuerpo, pero se había eludido relacionar de una forma fehaciente el estrés con los ataques de corazón y otros trastornos—en parte porque el estrés se experimenta de forma muy personal con variables entre cada uno de los individuos que lo padecen. Sólo recientemente estos estudios han empezado a incluirse en los diagnósticos y el tratamiento del estrés en los cuidados preventivos de los pacientes con mayor riesgo. “Es popularmente conocido que el estrés puede ocasionar enfermedades cardíacas”, dice la Dra. Kristina Orth-Gomer, que ha estado estudiando el estrés y la cardiopatía durante 25 años y que ahora está investigando en el Stockholm's Karolinksa Institute y que los médicos han tardado en poner en práctica estos conocimientos. “Eso está empezando a cambiar ya que ahora existe mayor evidencia”, comenta.
Dos estudios publicados en el Journal of the American Medical Association (JAMA)y en Archives of Internal Medicine apoyan su causa. El estudio publicado por JAMA, de los investigadores de la Université Laval de Quebec, demuestra que los pacientes que experimentaron un segundo ataque de corazón duplican a aquellos cuyas ocupaciones estaban más libres de estrés. El estudio efectuaba un seguimiento de 972 pacientes supervivientes de un ataque, entre los 35 y los 59 años, los cuales volvieron a trabajar dentro de los 18 meses siguientes de haberlo padecido, al menos durante 10 horas semanales. En posteriores entrevistas periódicas entre 1996 y 2005, los pacientes que informaron tener trabajos estresantes–definido como tareas que requerían altas demandas psicológicas y bajas en sentimientos de control—no estaban sólo en más alto riesgo de padecer un segundo ataque sino que también tenían un marcado riesgo de muerte en comparación con sus iguales experimentando menor estrés. Estudios como éste pueden estrechar las conexiones entre estrés y enfermedad, dice Orth-Gomer. La otra cuestión sería: “¿qué hacer para prevenirlo?”
Una solución: Encontrar formas prácticas por parte de médicos y profesionales de tratar las diferentes clases de estrés—profesional y personal—que pone en riesgo al paciente. Actualmente, no forma parte de una práctica estandarizada en los cardiólogos evaluar los sentimientos de sus pacientes sobre circunstancias laborales o dificultades en el matrimonio. Debería introducirse en la comunidad médica el tener un cuidado especial sobre estas cuestiones, dice Orth-Gomer, para tenerlas en cuenta a la hora de efectuar cualquier exploración rutinaria o especializada a la población en general.
Sheldon Cohen, profesor de psicología en la Universidad de Carnegie Mellon y autor de un comentario, aparecido en la publicación JAMA ha examinado los efectos del estrés psicológico sobre una variedad de trastornos graves. La revisión de Cohen de estudios pasados constatan que el estrés—particularmente el estrés social como divorcios y la muerte de un ser querido—a menudo dispara una depresión o dispara los niveles de ansiedad que agrava y ocasiona recaídas en personas que ya se habían recuperado de sus dolencias cardíacas. El informe sugiere también que el estrés puede incidir en el progreso de la enfermedad y en un estudio Canadiense se remarca que el estrés crónico puede acrecentar el trastorno cardíaco.

"Hay una evidencia de la relación entre estrés y enfermedad—lo suficiente como para empezar a preguntarnos si la disminución del estrés puede reducir también la aparición de la enfermedad”, dice Cohen, añadiendo: “A las personas no se les hacen este tipo de preguntas".
El problema reside en que muchos médicos carecen del tiempo necesario para hacerlas. Los médicos altamente especializados como los cardiólogos suelen tener mucho trabajo y pocos de ellos tienen tiempo para entablar una conversación con el paciente. “Es irónico pensar que tenemos un mapa de la importancia de los niveles de estrés en la salud y a la vez problemas en disponer del tiempo suficiente”, dice el Dr. Daniel Brotman, director del Hospitalist Program en el Hospital Johns Hopkins y autor de un informe sobre el estrés emocional y la salud del corazón, publicada en The Lancet. Brotman conoce la fuerte conexión entre el estrés y las enfermedades cardiovasculares, pero no cree que sea realista pedir a los médicos que realicen un historial de cada paciente y su estrés. “Nos decimos, como médicos: “No es mucho lo que podemos hacer sobre el hecho de que su esposa le haya dejado”, dice.
Lo que sí puede cambiarse es la forma en que los médicos escuchan a sus pacientes por lo que se refiere a su salud. Si una mujer se queja de dolor en el pecho, por ejemplo, pero dice que sólo le molesta cuando se siente “excitada”—pero no cuando sube unos peldaños de escalera—su médico interpretará su estado emocional como factor desencadenante de lo que experimenta físicamente, dice Brotman. "El disparador es emocional y los médicos tienden a descartarlo”, comenta. La medicina tradicional ha llevado a pensar que el cuerpo es una máquina y la enfermedad como una máquina que se descompone. Los especialistas pueden estar quizá poco dispuestos a pensar en mente y cuerpo como parte de la misma máquina.
Hay un número de formas en que el estrés puede recalibrar nuestra máquina física. Las personas estresadas tienden a descuidar su salud en general—comen poco, duermen mal, no hacen ejercicio y fuman y beben demasiado—comportamientos todos ellos que no suelen favorecer al bienestar. El estrés también dispara el sistema endocrino facilitando la liberación de hormonas que activan el cuerpo en varias formas: pueden, por ejemplo, irritar el tejido linfático que a su vez altera las funciones inmunitarias o simplemente ocasionar que un corazón en reposo empiece a latir con fuerza. “Todas aquellas personas que han experimentado aunque sea sólo un conato de atropello saben cómo el estrés emocional puede activar el sistema cardiovascular”, dice Brotman. "Pero experimentar frecuentes sustos o asaltos no es algo para lo que nos hayan diseñado." Ahí es donde los desencadenantes del estrés se convierten en una amenaza física.
Todavía muchos pacientes no creen que estas amenazas existan. Para algunos, admitir la existencia del estrés es una señal de debilidad; otros, se resignan como si no les tocase otro remedio que aceptarlo como una dimensión inevitable de la vida. Por lo que la mayoría de nosotros nos limitamos a sobrellevarlo. En otro estudio publicado en Archives of Internal Medicine, algunos investigadores de la Universidad de Londres estudiaron a un grupo de 9.000 funcionarios durante 12 años y hallaron que aquellas personas que experimentaban relaciones cercanas negativas—marcadas por conflictos y luchas—tenían un riesgo del 34% mayor de sufrir alteraciones coronarias que aquellos con bajos niveles de negatividad en sus relaciones personales. Las emociones pueden jugar un papel importante en un matrimonio fracasado, por ejemplo, escribe el autor, representa un directo y acumulativo “desgaste” de los órganos y tejidos que pueden llevar a las personas hacia grandes riesgos de padecer enfermedades.
Un trabajo estresante o unas relaciones perturbadoras pueden no llevar a todo el mundo a una depresión o estar estresado –estadísticamente hablando –pero por ahora es imposible para los médicos predecir quien es más susceptible o no de padecerlo. Por lo que si es una cuestión de calidad de vida o vida o muerte, es quizá un buen consejo para las personas estresadas tomar un respiro ahora y después. "Quizá no sintamos el estrés en nuestro sistema cardiovascular, pero puede empobrecerlo”, dice Brotman. "Es dificil imaginar pasar por esos periodos estresantes y no pensar “Eso es malo para mí”.

09 mayo 2008

Adquisición y retención de habilidades cognitivas

La adquisición de habilidades cognitivas depende, a menudo, de dos clases de conocimiento: la norma y el conocimiento del hecho en cuestión. Es decir, las habilidades se adquieren sistematizando la solución a un problema, ya sea utilizando una norma conocida o bien recuperando y utilizando soluciones adoptadas ya anteriormente a un problema idéntico o similar.
En nuestros estudios describimos la adquisición de estas habilidades--lo que nos puede ayudar en reducir ansiedades--en términos de velocidad de procesamiento o mejora y eficacia en la recuperación, velocidad de recuperación de un hecho o mejora en la recuperación de problemas presentados anteriormente y su solución, así como el cambio en la estrategia del individuo entre el proceso y la recuperación de problemas y sus soluciones.
Nuestros experimentos están diseñados en el desarrollo, prueba y perfeccionamiento de modelos formales de aprendizaje basados en normas y en hechos y la descripción precisa de cómo estas formas de aprendizaje se ven afectadas por la edad.
Estudios muy completos realizados recientemente (y en progreso) evalúan la actuación de hombres y mujeres saludables de diferentes edades en términos de tres distintos componentes de aprendizaje --velocidad de proceso, uso de recuperación de memoria y la velocidad de respuestas de esa recuperación.
Los procesos de los diferentes componentes se distinguen en base a las distintas estrategias de las que disponga el individuo. Los resultados de los estudios, recientemente completados, han establecido que existen deficiencias relativas a la edad y ansiedad en la habilidad de mejorar con la práctica la velocidad de procesar los datos,de cambiar de éstos a la recuperación del hecho y en la velocidad de la respuesta de recuperación y, por tanto a su solución (Hoyer, Cerella, & Onyper, 2003; Touron, Hoyer, & Cerella, 2001, 2003).
Además de estos hallazgos, los resultados preliminares de una nueva serie de experimentos sugieren que las dinámicas del cambio se entienden mejor como una interacción entre los factores de estrategia relativas a la edad y los requerimientos de la tarea, y no como una simple expresión de la eficacia del sistema de memoria en sí (Cerella & Hoyer, 2003; Cerella, Hoyer, & Onyper, 2003).
En especial, los adultos de mayor edad cambian de proceso de datos a recuperación de memoria con mayor celeridad que los adultos más jóvenes, cuando las tareas presentan una relativa difícultad de procesar, pero más tarde que los adultos jóvenes, cuando las tareas son relativamente difíciles de llevarse a cabo mediante la recuperación del hecho en sí.
Nuestros hallazgos sugieren que los individuos optimizan o ajustan sus estrategias en respuestas a los cambios relativos a la edad en la dificultad del proceso y recuperación del hecho. En estudios en curso, estamos examinando los efectos de las manipulaciones de la dificultad de los componentes procesales y de recuperación por lo que hace a la ejecución de la adquisición de habilidades en adultos de mayor edad y más jóvenes (Hoyer, Cerella, & Onyper, 2003).
Universidad de Siracusa

Vía:Mental Health

21 abril 2008

Emociones y ansiedad

Las emociones son una reacción subjetiva al ambiente acompañadas de cambios orgánicos (fisiológicos y endocrinos) de origen innato, influidos por la experiencia. Las emociones tienen una función adaptativa de nuestro organismo a lo que nos rodea. Es un estado que sobreviene súbita y bruscamente, en forma de crisis más o menos violentas y más o menos pasajeras. En el ser humano la experiencia de una emoción involucra un conjunto de cogniciones, actitudes y creencias sobre el mundo, que utilizamos para valorar una situación concreta y, por tanto, influyen en el modo en el que se percibe dicha situación.
Las emociones, al ser estados afectivos, indican estados internos personales, motivaciones, ansiedad, deseos, necesidades e incluso objetivos. Es difícil saber a partir de la emoción cual será la conducta futura del individuo, pero sí nos puede ayudar a intuirla.
Apenas tenemos unos meses de vida, adquirimos emociones básicas como el miedo, el enfado o la alegría. Algunos animales comparten con nosotros esas emociones tan básicas, que en los humanos se van haciendo más complejas gracias al lenguaje, porque usamos símbolos, signos y significados.
Cada individuo experimenta una emoción de forma particular, dependiendo de sus experiencias anteriores, aprendizaje, carácter y de la situación que la ocasiona. Algunas de las reacciones fisiológicas y de comportamiento que desencadenan las emociones son innatas, mientras que otras pueden adquirirse.
Charles Darwin observó como los animales (especialmente los primates) tenían un extenso repertorio de emociones, y que esta manera de expresar las emociones tenían una función social, pues colaboraban en la supervivencia de la especie.
Existen 6 categorías básicas de emociones.
Tipo de Emoción y sus funciones
MIEDO: Anticipación de una amenaza o peligro que produce ansiedad, incertidumbre, inseguridad.
Nos ofrece protección
SORPRESA: Sobresalto, asombro, desconcierto. Es muy transitoria. Puede dar una aproximación cognitiva para saber qué pasa.
Nos ofrece orientación frente a la nueva situación
AVERSIÓN: Disgusto, asco, solemos alejarnos del objeto que nos produce aversión.
Nos ofrece rechazo hacia aquello que tenemos delante.
IRA: Rabia, enojo, resentimiento, furia, irritabilidad.
Nos induce a la destrucción.
ALEGRÍA: Diversión, euforia, gratificación, contentos, da una sensación de bienestar, de seguridad.
Nos induce hacia la reproducción del suceso.
TRISTEZA: Pena, soledad, pesimismo.
Nos ayuda a la reintegración; nos motiva a una nueva integración personal.

Los humanos tenemos 42 músculos diferentes en la cara. Es otra manera de comunicarnos socialmente y de sentirnos integrados en un grupo social. Dependiendo de cómo los movemos expresamos unas determinadas emociones u otras. Hay sonrisas diferentes, que expresan diferentes grados de alegría. Esto nos ayuda a expresar lo que sentimos, que en numerosas ocasiones nos es difícil explicar con palabras. Hemos de tener en cuenta que el hombre es el animal social por excelencia.
Las diferentes expresiones faciales son internacionales, dentro de diferentes culturas hay un lenguaje similar. Podemos observar como en los niños ciegos o sordos cuando experimentan las emociones lo demuestran de forma muy parecida a las demás personas, tienen la misma expresión facial. Posiblemente existan unas bases genéticas, hereditarias, ya que un niño que no ve no puede imitar las expresiones faciales de los demás. Aunque las expresiones también varían un poco en función de la cultura, el sexo, el país de origen etc. Las mujeres tienen más sensibilidad para captar mejor las expresiones faciales o las señales emotivas y esta sensibilidad aumenta con la edad. Otro ejemplo son los rostros de los orientales, especialmente los japoneses que son bastante inexpresivos, pero es de cara a los demás, porque a nivel íntimo expresan mejor sus emociones.
Las expresiones faciales también afectan a la persona que nos está mirando alterando su conducta. Si observamos a alguien que llora nosotros nos ponemos tristes o serio e incluso podemos llegar a llorar como esa persona. Por otro lado, se suelen identificar bastante bien la ira, la alegría y la tristeza de las personas que observamos. Pero se identifican peor el miedo, la sorpresa y la aversión.
Las emociones poseen unos componentes conductuales particulares, que son la manera en que éstas se muestran externamente. Son en cierta medida controlables, basados en el aprendizaje familiar y cultural de cada grupo:
• Expresiones faciales.
• Acciones y gestos.
• Distancia entre personas.
• Componentes no lingüísticos de la expresión verbal (comunicación no verbal).

Los otros componentes de las emociones son fisiológicos e involuntarios, iguales para todos:
• Temblor.
• Sonrojarse
• Sudoración
• Respiración agitada
• Dilatación pupilar
• Aumento del ritmo cardíaco

Estos componentes son los que están en la base del polígrafo o del "detector de mentiras". Se supone que cuando una persona miente siente o no puede controlar sus cambios fisiológicos, aunque hay personas que con entrenamiento sí pueden llegar a controlarlo.
¿Qué es lo que nos produce el miedo a nivel fisiológico?
Cuando nos encontramos ante un estímulo que nos provoca miedo o temor, nuestro cuerpo reacciona activándose, de manera que estemos a punto para cualquier reacción de lucha o huída que sea preciso a fin de protegernos, ya que nuestro impulso más básico es el de la supervivencia.
La activación se produce de la siguiente manera:
El lóbulo frontal de la corteza cerebral por la acción del hipotálamo activa la glándula suprarrenal.
La glándula suprarrenal descarga adrenalina.
Las pupilas se dilatan
El tórax se ensancha
El corazón se dilata, aumenta la provisión de sangre.
Se produce un aumento de la tensión arterial.
Los músculos se contraen.
El hígado libera glucosa, el combustible de los músculos.
La piel palidece.
Los bronquios se dilatan para aumentar el volumen de oxigeno.
En casos extremos la vejiga urinaria se vaciará.

10 abril 2008

¿Qué es la Inteligencia Emocional?

De la misma manera que se averigua el CI (cociente intelectual), se puede hacer con la Inteligencia Emocional. Se trata de conectar las emociones con uno mismo; saber qué es lo que uno siente, poder verse a sí mismo y a los demás de forma positiva y objetiva. La Inteligencia Emocional es la capacidad de interactuar con el mundo de forma receptiva y adecuada.
Características básicas y propias de la persona emocionalmente inteligente:
• Poseer suficiente grado de autoestima.
• Ser personas positivas
• Saber dar y recibir
• Empatía (entender los sentimientos de los otros)
• Reconocer los propios sentimientos
• Ser capaz de expresar los sentimientos positivos como los negativos
• Ser capaz también de controlar estos sentimientos y la ansiedad que pueda producir
• Motivación, ilusión, interés
• Tener valores alternativos
• Superación de las dificultades y de las frustraciones
• Encontrar equilibrio entre exigencia y tolerancia.
Goleman explica que la Inteligencia Emocional es el conjunto de habilidades que sirven para expresar y controlar los sentimientos de la manera más adecuada en el terreno personal y social. Incluye, por tanto, un buen manejo de los sentimientos, motivación, perseverancia, empatía o agilidad mental. Justo las cualidades que configuran un carácter con una buena adaptación social.
El psicólogo W. Mischel hizo un experimento con niños de 4 años: les daba un caramelo y les decía que tenía que irse un momento, pero que debían esperar a que él volviera antes de comérselo, si lo hacían así él les daría otro caramelo como premio. El tiempo que permanecía fuera era tan sólo de 3 minutos. Había niños que no esperaban y se comían el caramelo. Posteriormente, hizo un seguimiento de los niños y observó que los que no se habían comido el caramelo, eran más resistentes a la presión, más autónomos, más responsables, más queridos por sus compañeros y mejor adaptados en el medio escolar que los otros.
Todas las personas nacemos con unas características especiales y diferentes, pero muchas veces la manera que tenemos de comportarnos o de enfrentarnos a los retos de la vida son aprendidos. Desde pequeños podemos ver como para un niño no está tan bien visto llorar y expresar sus emociones como en una niña, además a los varones se les exige ser más valientes, seguros de sí mismos. También podemos observar cómo, según las culturas, las mujeres son menos valoradas, tanto en el ámbito personal como en el laboral, lo cual es el origen de opresiones y malos tratos. Todo esto lo adquirimos sin darnos cuenta ya desde el momento en que venimos al mundo: nos comportamos como nos han "enseñado" a comportarnos. Quererse a uno mismo, ser más generoso con los demás, aceptar los fracasos, controlar nuestra ansiedad… no todo depende de lo que hemos heredado, por lo que hemos de ser capaces de seguir aprendiendo y mejorando nuestras actitudes día a día, aprender a ser más inteligentes emocionalmente; en definitiva, a ser más felices.

04 abril 2008

Ansiedad y depresión en la Universidad

Los estudiantes están dando claros signos de trastornos psicológicos. Aunque, ¿son
hoy muy diferentes de los de antaño?


La gravedad de los problemas mentales en los campus universitarios ha crecido de manera significativa desde 1988—la era del Prozac, al igual que se han producido otros cambios principales en las culturas y en el desarrollo de las enseñanzas.
Todos nos hemos tenido que adaptar al cambio incesante de las tecnologías y los estudiantes suelen hiperventilar ante el mero hecho de tener que acometer la ardua tarea de tomar una decisión por miedo a que la carrera elegida se evapore antes de que se sequen sus diplomas. También, la diversidad crea demandas especiales sobre las habilidades sociales del estudiante simplemente cuando nadie está en casa para enseñarles a hacerlo.
Uno no se extraña de que los jóvenes muestren signos de trastornos psicológicos. ¿La pregunta es ¿difieren mucho los estudiantes actuales de los de antaño? Los expertos señalan hacia variadas razones por las que los chicos de hoy acuden a los centros de ayuda psicológica del campus universitario.
• La adolescencia empieza antes y dura más. Los chicos viven en un mundo mucho más complejo que el de sus padres y se ven expuestos a muchísimas situaciones conflictivas antes de poseer las facultades cognitivas y emocionales suficientes para afrontarlas. Por ejemplo, ya no es necesario descubrir su sexualidad; se les echa encima en el mismo momento en que pueden sentarse ante el televisor o pasan ante una valla publicitaria anclados en el asiento trasero del coche familiar.
• Los jóvenes crecen rodeados de estrés y ansiedad. Viven en familias desestructuradas que les conducen a una mayor inestabilidad de su desarrollo psicológico. Es duro enfocar y definir una vida sobre un terreno que está sufriendo continuas fluctuaciones bajo los pies.
• La psicopatología enseña su cara más real. Las universidades son el reflejo natural de los trastorno de la salud mental que culmina para la mayoría pocos años después de la adolescencia. El promedio de edad para los trastornos bipolares, por ejemplo, es ahora de 19 años en contraste con el de 32 años para una generación anterior. Siempre han existido trastornos mentales severos, pero una generación anterior los estudiantes afectados eran raramente diagnosticados y tratados—quizá porque los adecuados no estaban disponibles—además de ocultados y marginados.
• Muchos más estudiantes que antes llegan al campus con problemas mentales significativos, pero hay buenas noticias: ”Desarrollan más sus potenciales debido a los tratamientos que no estaban disponibles una generación anterior” dice Hyman. La llegada de antidepresivos relativamente seguros y efectivos ha estimulado los diagnósticos prematuros y la forma de tratarlos capacitando al estudiante a permanecer en el sistema académico y funcionar lo suficientemente bien como para controlar las tareas que requiere una educación superior.
• Desde luego, siendo la adolescencia lo que es y estando los estudiantes fuera de casa, los que reciben tratamiento por una afección son quienes deliberadamente descuidan su medicación. Algunos se enganchan a la bebida y muchos, de forma errónea, creen que ahora que ya no están en casa donde apareció el problema, sus dificultades deberían desaparecer. Puede llevar algún tiempo, pero los síntomas vuelven.
• La enseñanza secundaria crea y expone a la vulnerabilidad. “El nivel de estrés en el campus es tan alto que favorecen la ansiedad y la depresión” indica la Dra. Linda K. Hellmich, directora del área de consulta de psicología del Instituto Carleton de Minnesota, de 1.800 estudiantes. “Todavía lo empeora más la falta de sueño en la que se ven inmersos. Los estudiantes creen que pueden verse privados de las necesarias horas de sueño sin sufrir las consecuencias”. No compiten únicamente por sus notas, sino que también lo hacen por conseguir ser el más estresado. Es cuestión de honor decir que han estado despiertos y en actividad durante varios días”.
• Su alto coste redunda en un mayor estrés. Padres y estudiantes suelen enfocar sus perspectivas hacia una universidad de élite y en el proceso de admisión con una rigurosidad y competitividad considerables ya desde edades tempranas. Seguro que han oído algún chiste sobre padres estimulando a sus niños a entrar en el jardín de infancia mejor para así empezar su camino hacia el éxito. Pero la presión sobre el futuro puede también verse como una reacción al estrés del mundo real—un intento de saber que el niño tiene opciones ya que el mercado laboral cambia y evoluciona.
• Siempre han habido estudiantes con problemas. Solo es que en las generaciones previas desaparecían del campus. Hoy, con los costos tan altos, las escuelas no pueden afrontar el sacrificio que presupone generar espacios libres y los padres han invertido demasiado en este punto y no quieren que sus hijos pierdan tiempo en conseguir primero su estabilidad.
• La diversidad presupone una falta de habilidades sociales. La creciente diversidad de la población estudiantil pone un límite que muchos no están preparados para abordar. “Si, es excitante encontrarse con personas de distintas culturas”, dice Christine Mullis, una reciente licenciada de Duke. "Pero implica más estrés en negociar con las diferencias. Un grupo distinto de estudiantes implica diferentes ideas de cómo establecer relaciones, dando como resultado un creciente fracaso de las mismas—entre sexos, razas, grupos étnicos—que contribuye a la infelicidad en el campus.
• Las habilidades en cuanto a tomar decisiones es cero. Mullis dice “muchos chicos no son felices por haber tomado decisiones equivocadas. Luego van a sus padres y les dicen que están deprimidos e insisten en tomar medicación para su infelicidad sin aprender primero a tomar mejores decisiones”. Las universidades no proporcionan modelos lo más aproximados posibles de un comportamiento exitoso para cuando sean adultos”, añade Mullis. Ni es la cultura una ayuda; es demasiado competitiva. Dice que los estudiantes incluso compiten acerca de sus trastornos alimenticios. Los consideran un “enorme problema imposible de erradicar debido a la forma de ser de las personas que desean imponer control en un entorno que no lo tiene".
• “Hay pocas salidas culturales para la rabia y la ansiedad. Hace una generación existían grandes movimientos de cambio social en los que los estudiantes se podían involucrar. Hoy, los estudiantes centran su interés en la interiorización. Lo propio es visto como la base de la acción”, dice Virginia Federman, "que conduce a acciones como la autolesión como forma de protesta”
• "Existe una nueva generación no reacia a la psicoterapia” y con el cada vez menos estigmatizado trastorno mental que lo hace más socialmente aceptable es más común buscar tratamiento—una actitud del estudiante de hoy más esperanzadora para su posterior vida.
• Es la mejor oportunidad para el cuidado de la persona en su totalidad. Este sistema ha desplazado al anterior cuidado de la salud mental en las escuelas. En muchas de ellas, se integran la salud tanto mental como física. El Dr. Morton M. Silverman, profesor de psiquiatría en la Universidad de Chicago y director del National Suicide Prevention Center, lo ve como una parte principal de la salud del estudiante. “Comparado con el mundo real, los centros de enseñanza ofrecen un cuidado de la salud más entendible”, dice Silverman, Jefe de la Sección de Consultores en Psicología en Chicago. “La pregunta es si los estudiantes obtendrán el mismo nivel de cuidados después de obtener su licenciatura”.
Via: Psychology Today Magazine

28 marzo 2008

El matrimonio no es la llave de la felicidad

Los casados no son más felices ni experimentan menos ansiedad que los solteros. El pensamiento reacciona de manera poderosa ante acontecimientos como el matrimonio aunque vuelve al “punto de partida de la felicidad” después de un cierto periodo de tiempo.
By: Anne Becker

Atención a todas las víctimas de los cuentos de hadas: estar casado no es necesariamente la llave para alcanzar la “eterna bendición”. La mayoría de las personas no hallaron una mayor satisfacción en sus vidas después de contraer matrimonio en comparación a la que sentían antes, según un estudio publicado en el Journal of Personality and Social Psychology.
El estudio, que medía niveles de satisfacción de vida en más de 24.000 individuos con residencia en Alemania, incidió en cómo las personas se adaptan a los acontecimientos positivos y negativos, según el autor Ed Diener, profesor de psicología en la Universidad de Illinois. Los resultados demostraron que aunque las personas reaccionan de una forma significativa a acontecimientos como el matrimonio, vuelven a su punto de partida de felicidad personal, después de un cierto periodo de tiempo.
"Algunas personas son más felices que otras, eso está claro y hay cosas que uno puede hacer para sentirse más feliz, pero algunos signos externos como el estar casado no es un camino real que modifique esos signos”, dice Diener.
Los autores del estudio denominan a ese proceso de vuelta al punto de partida “nivel hedonista” debido a sus efectos equilibrantes sobre los niveles de felicidad de cada uno. “Si se experimenta un nivel superior de felicidad, existen fuerzas que harán retroceder a un nivel promedio [de felicidad]," explica Diener. "Las personas tienden a experimentar un tope de felicidad de modo esporádico, aunque, por supuesto, no todo el tiempo”.
Los resultados del estudio, por ejemplo, demostraron puntas de los niveles de respuesta antes y después del matrimonio, aunque el incremento fue mínimo –aproximadamente una décima de punto en una escala de once—seguido de un retorno del nivel de felicidad similar al que se experimentaba con anterioridad.
“Un punto positivo es que cuando al individuo le ocurre algo malo, si bien reacciona negativamente, se recupera con el tiempo”, dice Diener. El estudio demostró que después de cinco años, incluso los viudos y viudas volvieron a sus niveles de felicidad acostumbrados antes de la defunción de sus cónyuges.

Fuente: Psyched for Success
Última revisión: Enero 2008

17 marzo 2008

Ansiedad, personalidad y sentido del humor

¿Le gusta explicar chistes?, ¿es usted un bromista?, ¿prefiere emplear la ironía? La forma en que manifiesta su sentido del humor puede indicar cómo se relaciona con los demás y con usted mismo.
El sentido del humor es un valor añadido al mostrar una personalidad. Lo admiramos en los demás y estamos orgullosos de hacer gala del nuestro, quizá más que una buena apariencia o inteligencia. Si alguien demuestra un buen sentido del humor, razonamos que es feliz, seguro socialmente y tiene una buena perspectiva de la vida, controlando así su ansiedad.
Esta actitud hubiese sorprendido a los antiguos griegos quienes opinaban que el humor era esencialmente agresivo. En realidad, nuestra admiración por el talento en la comedia es relativamente reciente, y no excesivamente bien fundada, dice Rod Martin, psicólogo en la Universidad del Oeste de Ontario quien estudia la forma en que la gente utiliza su sentido del humor. Sus investigaciones muestran que ser gracioso no es necesariamente un indicador de unas buenas habilidades sociales ni de bienestar o control de la ansiedad—también puede señalar un defecto en la personalidad.
Advierte que el humor satírico es un arma de doble filo. Puede favorecer las relaciones y ayudar a afrontar la vida o puede ser corrosivo, desgastar la autoestima o incluso crear antagonismos. “Es una forma de comunicación y todos lo utilizamos de forma distinta”, dice Martin.
Utilizamos vinculaciones humorísticas para mejorar nuestras conexiones sociales, pero también manejarlas como una forma de excluir o rehusar. Del mismo modo, utilizar el humor puede ser en ocasiones una forma de adaptarse buscando una respuesta saludable: Los empleados que sufren las consecuencias de las acciones de un jefe tirano, pueden a menudo hacer más soportable sus horas de oficina ridiculizando secretamente al motivador de su rencor.
Aunque el humor es esencialmente social, la forma de utilizarlo dice mucho sobre el sentido en sí mismo. Los que lo usan como autodefensa, haciendo burla de ellos mismos para diversión de los demás, tienden a mantener esa hostilidad hacia ellos mismos incluso cuando están solos. De forma similar, aquellos que son capaces de ver el mundo con una tolerancia divertida suelen perdonar sus propios fallos.
Humor satírico
Este tipo de humor agresivo se utiliza para criticar y manipular a los demás mediante la ironía, el sarcasmo y el ridículo. Cuando se utiliza hacia los políticos suele producir hilaridad y en su mayoría no es dañino. Pero en el mundo real puede tener un impacto punzante. Ese humor, como contar a un amigo una historia embarazosa de otro amigo, es una forma aceptada socialmente de desplegar agresión y hacer que los otros tengan una mala apariencia mientras uno conserva la suya.
El bromista destructivo a menudo vuelve sus ironías hacia una “tomadura de pelo” como defensa, permitiendo así al agresor evitar responsabilidades. Martin no ha descubierto evidencia alguna de que aquellos que confían en este tipo de humor estén menos ajustados que los demás, aunque sí pagan un peaje en cuanto a mantener relaciones personales.
Humor vinculante
La persona que utiliza ese tipo de humor se complace en decir cosas graciosas, cuenta chistes, bromea con situaciones graciosas y generalmente hace que en su entorno haya buen ambiente. Estas son las personas que dan buen nombre al humor. Se percibe como una persona cálida, amable, capaz para reducir la tensión en situaciones no demasiado agradables y de reírse de sus propios errores.
Los comediantes hacen suya la audiencia compartiendo el humor blanco en el que se implica la vida cotidiana. Su mensaje básico: Nos sentimos vinculados al encontrar caricaturizadas las mismas cosas en los mismos entornos. Después de todo, un sentimiento de inclusión puede hacerse más dulce mediante el conocimiento de que alguien más forma parte de él.
Por: Louise Dobson
Vía: Psychology Today Magazine, Jul/Aug 2006

07 marzo 2008

Comer una manzana diaria...

Se ha demostrado que la ingestión diaria de una manzana ayuda a luchar contra la disminución cognitiva asociada a la edad y al trastorno neurodegenerativo como puede ser el Alzheimer y el Parkinson.

Según reza un proverbio inglés “An apple a day keeps the doctor away” (comer diariamente una manzana, mantiene alejado al médico). Pero no únicamente al médico, sino también al neurólogo, ya que el hacerlo puede ayudar a evitar la disminución cognitiva asociada a la edad y a los procesos neurovegetativos como en el Alzheimer y en el Parkinson.
El nutricionista e investigador Chang Y. Lee observó que existe un nutriente en las manzanas que protegía de daños a las células cerebrales de las ratas. El nutriente, un antioxidante que se denomina quercetina, proporciona incluso más protección que la Vitamina C, popularmente conocido por su eficacia en la lucha contra los trastornos neurovegetativos y ansiosos en los humanos.
La quercetina pertenece al grupo de sustancias que hoy en día están siendo más investigadas: los flavonoides, cuyos componentes químicos dan a las plantas su color. La mayoría de los flavonoides, así como ciertas vitaminas y minerales, son antioxidantes potentes que neutralizan los radicales libres dañinos del oxígeno, producidos cuando las células queman oxígeno para liberar energía. De no hacerse, los radicales libres originan un daño acumulativo en las células que puede derivar en cáncer o, en el caso de las células cerebrales, Alzheimer, Parkinson u otra disminución mental relativa a la edad.
"La quercetina tiene la actividad antioxidante más alta comparada con otros flavonoides y la Vitamina C," dice Lee. Su trabajo ha demostrado que no sólo la quercetina ayuda a las células cerebrales, sino que también puede atacar a las células cancerosas. En su laboratorio, la quercetina bloqueó algunas de las vías por las que los tumores se expanden y, una vez más, la quercetina superó a la Vitamina C.
Si bien las manzanas son la fuente primaria de la quercetina, el mismo flavonoide se localiza en las cebollas, el té y los arándanos.
Otras investgaciones sugieren que la quercitina puede tener una variedad de beneficios colaterales en combinación con otros nutrientes. Un estudio de Dutch dio como resultado que el consumo de té negro, que contiene una variedad de flavonoides además de quercitina, reduce el riesgo de las enfermedades cardíacas, así como un estudio de Finnish demostró que las personas que comen muchas manzanas tienen un riesgo más bajo de padecer ataques que las que comen menos.
Las sustancias que protegen el corazón y su circulación suelen proteger también al cerebro. El común denominador es la red de vasos sanguíneos tan crucial para todos los órganos. El daño en los vasos sanguíneos del cerebro puede afectar a la comunicación entre las células nerviosas que subyace en todas las actividades mentales y en los trastornos ansiosos.
Lee no puede asegurar todavía si la quercetina puede detener la neurodegeración en las personas. Se necesitan pruebas o estudios clínicos sobre gran cantidad de población para ver si los resultados de laboratorio así lo aseveran.
Entretanto, Lee recomienda vivamente el consumo de manzanas para todos. Dado el beneficio potencial de la quercitina, más otros nutrientes que contienen, sugiere que las personas añadan una manzana a las frutas y vegetales que consumen a diario.
"Una manzana diaria proporciona una cantidad significativa de quercitina y flavonoides," asegura. La cantidad exacta de quercitina de una manzana varía dependiendo del año, estación y la región en la que ha sido recolectada, pero todas las manzanas en sus diferentes variedades contienen gran cantidad.
Lee indica también que la quercitina reside básicamente en la piel de la fruta. “Los alimentos procesados suelen perder sus componentes activos”, añade.
Por: Lauren Aaronson

08 enero 2008

Tercera parte "¿Soy Normal?"

Los trastornos de personalidad pueden afectar al 50% o más de las personas que están recibiendo tratamiento por algún problema mental. “La mayoría de los pacientes que buscan asistencia están sufriendo dificultades de actitud y copias mal adaptadas durante largo espacio de tiempo, esencialmente lo que ha venido a ser etiquetado como trastornos de personalidad” o como indica el investigador clínico Theodore Millon, “las disfunciones de personalidad se han convertido en omnipresentes en las prácticas de terapia”, dice. Millon piensa que los trastornos de personalidad dejarán atrás todas las demás áreas de práctica psicológica, de terapia y psiquiátrica en la siguiente década”.
No hace mucho, el diagnóstico de un trastorno de personalidad solía despertar una mueca de desagrado. El único tratamiento disponible era un largo período de psicoanálisis. Para eliminar comportamientos conflictivos se creía que era necesario cambiar los rasgos de fondo en los que se había construido la estructura de la personalidad, día tras día, a través de las incontables interacciones de la persona con el mundo. Aquellos pocos que demandaban realizar esta terapia no necesariamente se beneficiaban de ella. La actitud general de los terapeutas hacia estas enfermedades, dice el psiquiatra Len Sperry del Medical College de Wisconsin, era la de “temor y desesperanza".
Junto con esta visión del tratamiento se encuentra la Freudiana en el sentido de que los conflictos internos surgidos en la niñez son la única causa. La perspectiva emergente indica que la personalidad, normal o no, es una interacción compleja de fuerzas interiores y exteriores del individuo: biológicas, psicológicas y sociales.
La personalidad antisocial de Nicolás “el Tiburón”, por ejemplo, puede tener su origen en una predisposición genética a la agresividad expresada bioquímicamente en bajos niveles del neurotransmisor serotonina. Este temperamento podría haber sido agravado por una manifestación hostil o irresponsable de sus padres durante su crecimiento. Las tendencias antisociales pueden haber llegado a su total expresión y reforzadas mediante ambientes sociales: casinos, clubes de strip-tease, gabinetes de abogados—que permitieron e, incluso, estimularon su comportamiento.

Widiger hizo un esfuerzo para no reaccionar emitiendo un juicio de desaprobación cuando Nicolás le contó sus “hazañas”. Mientras Nicolás se sentía más confortable, tuvo también la oportunidad de examinar las raíces de su comportamiento, llegando a conclusiones sobre los errores de sus padres y rectificando los suyos; Nicolás empezó a reconocer lo hiriente de sus acciones hacia sí mismo y hacia los demás. Su esencia natural no cambió con la terapia, dijo Widiger, pero fue capaz de suavizar “los ángulos punzantes de su personalidad, así como su ansiedad".

Len Sperry utiliza una metáfora idéntica para describir el tratamiento de los pacientes como Nicolás. El trabajo clínico con trastornos individuales de la personalidad no es la del carpintero que construye una estructura”, advierte, “sino como la del ebanista que alisa con arena y elimina sus lados ásperos”.
Por último, añade, “el objetivo es cambiar un desorden de la personalidad en un estilo personal –ayudando a que el paciente se convierta en un ser humano sano y funcional, con sus peculiaridades e idiosincrasia intactas.
Una persona como usted o yo”.
FIN ARTÍCULO "SOY NORMAL"

27 diciembre 2007

Segunda Parte de “¿Soy Normal?”

Las personas con una personalidad de evitación, por ejemplo, pueden ser personas sumamente caseras que gustan de la rutina y escasas amistades o pueden rehuir los riesgos o las actividades nuevas por miedo a fallar o a la humillación y ansiedad que ello les produciría. El primero tiene una personalidad estilo evitación, el segundo un trastorno de personalidad de evitación. Asimismo, las personas con una personalidad histriónica pueden disfrutar de conseguir la atención de los demás y ser de alguna forma dramáticos en la forma de comportarse, aunque capaces de ceder su protagonismo a otros si es preciso. Aquellos con trastorno de personalidad histriónica insisten en ser el centro de atención y tienen también trastornos emocionales, sus sentimientos son poco profundos e incluso cambiantes y pueden tener serias dificultades en conectar íntimamente con los demás.
¿Cuál es pues la diferencia entre estilo y trastorno de personalidad? Un indicador es, simplemente, el extremo: El trastorno de personalidad hace que la persona piense, sienta y actúe en formas que le lleven al límite de lo que el resto de la gente experimenta. El segundo podría ser la inflexibilidad.
Randolph Nesse, psiquiatra de la Universidad de Michigan, dice “La mayoría de nosotros nos sentimos a veces enfadados y a veces cariñosos, a veces felices o a veces no; pero las personas que sufren trastornos de personalidad siguen haciendo las mismas cosas una y otra vez. Su paleta emocional no varía, es monocromática. Están como enganchados, incapaces de responder de forma fluida a las circunstancias cambiantes. Su funcionamiento diario está también deteriorado. La evaluación clínica de alguien con trastorno de personalidad debería responder a dos preguntas: ¿La personalidad del paciente ha contribuido a una pérdida de relaciones personales?, ¿lo ha hecho en cuanto a su vida profesional?
Thomas Widiger,psicólogo de la Universidad de Kentucky que diagnosticó a Nicolás “el Tiburón”, añade una medida subjetiva: ¿Cuánta angustia siente la persona como resultado de sus problemas de personalidad? Si estas distinciones parecen menos negro o blanco que sombras de gris, lo son y, en efecto, muchos psicólogos están cambiando del viejo "lo padece o no" (modelo categórico) al modelo con más matices “dimensional”. En éste, la personalidad se coloca en un continuo, con rasgos de personalidad saludable en un extremo, trastornos de personalidad en el otro e innumerables gradaciones en medio.
La línea divisoria entre normal o no se convierte en menos importante en el nuevo modelo dimensional. "No creo que sea útil trazar una linia”, declara Johns Hopkins psiquiatra dela Universidad Gerald Neustadt. "¿Cuál es el propósito de tener un diagnóstico? Tratar a la gente y ayudarla, por lo que cuando alguien viene a uno con un problema en el dominio de su personalidad, intento entender sus rasgos y cómo le han llevado a tener problemas”. Lo que cuenta más es reconocer que la dificultad del paciente reside en el “dominio de su personalidad", dice Neustadt.
Los problemas de personalidad son diferentes en su naturaleza a otras clases de trastornos mentales, como la depresión o la ansiedad. Los trastornos del carácter tienen una raíz más profunda y amplia—incluso con mayor dificultad de tratamiento debido a que tan solo están íntimamente ligados a la propia persona.
Pero las implicaciones del nuevo trabajo sobre los trastornos de la personalidad van más allá deldiagnóstico limitado. Representa un cambio sustancial sobre cómo vemos la salud y la enfermedad psicológica. Como dice Thomas Widiger, "Los patrones encontrados en los trastornos de personalidad son realmente rasgos distribuidos a través de la población y todos los tenemos en un grado mayor o menor”. Las nuevas investigaciones sugieren que la psicopatología no sea extraña o poco familiar sino más bien reconocidas como humanas, una extensión de lo que todos experimentamos. Se podría suavizar que todavía lleva implícito las enfermedades mentales.
Los nuevos tratamientos reducen paulatinamente cada elemento de las raíces biopsicológicas de los trastornos de personalidad. Medicamentos como los inhibidores de la serotonina pueden actuar sobre los desequilibrios bioquímicos. Las terapias interpersonales y psicodinámicas se encargan de los componentes psicológicos del trastorno, estimulando a la persona a reflexionar sobre sus experiencias pasadas y ayudarle a desasirse de las influencias que le atan en el presente. Los ejercicios dialécticos y de comportamiento cognitivo (en los que la persona aprende a cuestionar sus propios impulsos) intentan intercambiar el patrón de premio y castigo externos en favor de una conducta más controlada y constructiva. El nuevo paradigma integral, informa Sperry, ha transformado las “actitudes” clínicas de la desesperanza al optimismo.
Desde el inicio, los rasgos de la personalidad antisocial de Nicolás “el Tiburón” presentan retos especiales. “No tenía demasiados deseos de crecimiento o propia mejoría moral o psicológica”, indica Widiger, ya que su labia y presunción alcanzaban un entendimiento auténtico difíciles de lograr. Widiger se aprovecha de la ambición de Nicolás, de su naturaleza competitiva retándole a alcanzar formas que limiten el uso de drogas y de su adicción al juego, usando técnicas tomadas de la terapia cognitiva conductual, los psicólogos y pacientes idean “mantras” personales que Nicolás deberá repetirse al enfrentarse a una tentación. “Esos “mantras” pueden resultar superficiales a los demás”, reconoce Widiger, “pero a Nicolás, pueden resultarle efectivos, significativos o incluso inspiradores”.
Fin Segunda Parte "¿Soy normal?"

20 diciembre 2007

¿Soy Normal?

Primera Parte de ¿Soy normal?

Le llamaban “el Tiburón”.
Nicolás, un abogado de 26 años está orgulloso de su apodo y de la rudeza que inspira. Seguro de sí mismo y a la vez encantador, puede ser también arrogante, manipulador y engañoso—no ve nada malo en estas cualidades que ve útiles para tener éxito en los casos que lleva entre manos y con las mujeres. Más tarde, sin embargo, su carácter entra en una espiral de problemas. Empieza a consumir cocaína. No puede resistir la tentación de acudir a clubes de “estrip-tease” y casinos. Ya se ha casado y divorciado dos veces. Incluso los éxitos en su carrera se han visto en peligro por su hábito de hacer proposiciones a compañeras de trabajo. Nicolás piensa asistir a la consulta de un psicólogo, ya que su ansiedad le perturba terriblemente. Una vez allí indica que tiene una personalidad “antisocial”: de forma constante y a menudo no tiene ningún escrúpulo en anteponer sus propios intereses al de los demás. Las tendencias antisociales de Nicolás impregnan su forma de ser—como todo ser vivo con una personalidad narcisista: no puede ver pasar su propia grandiosidad sin que sea suficientemente valorada o en cuanto a su personalidad obsesiva: no puede levantar sus ojos de sus tareas que suelen ser meticulosas y exactas.
La idea de que la naturaleza humana puede ser refractada a través de peculiaridades de la personalidad—grupos distintivos de pensamientos y sentimientos que alteran las acciones personales—ha sido considerada durante un largo período de tiempo, aunque está cobrando un nuevo impulso. Por un lado, nos da una alta definición de los caracteres humanos y su gran variedad. También alienta nuevas apreciaciones sobre la diversidad de influencias en comportamientos, desde genes hasta estilos de vida.

Como resultado de ello, la nueva visión de la personalidad indica una revolución en la forma en que vemos los trastornos, marcando un paso adelante desde las rígidas categorías de la patología a un sentido más orgánico de la forma en que las personas encajan en su mundo. Después de todo, ¿no se supone que todos los abogados son agresivos?, ¿no se considera que todos los actores son narcisistas? y ¿no son los contables y los editores recompensados por su compulsiva atención a los detalles?

Durante muchos años los problemas graves de carácter y personalidad se creía que eran en extremo raros y, lo que es más, se miraban como imposibles de tratar. Los trastornos de personalidad quedaban recluidos en su propia parcela patológica.

Pero una nueva avalancha de teorías, servicios y técnicas está en la actualidad barriendo las antiguas presunciones en cuanto a personalidades problemáticas. Las disfuncionales parecen ser en realidad muy comunes, afectando alrededor de 30 millones de americanos—una persona de cada siete. Esta mayor conciencia sobre el incremento del problema ha proporcionado avances importantes en su comprensión y tratamiento, así como un nuevo amanecer de lo que llamamos enfermedad mental. Lo más sorprendente es que los investigadores han acumulado evidencias con respecto a que la línea que separa la personalidad normal o no es mucho más sutil de lo que se imaginaba. Ello puede significar que nuestra concepción de enfermedad mental debe revisarse—y que la gente “normal” suele tener también rasgos de trastorno mental. La perspectiva puede ser una distinción entre estilos de personalidad y trastornos de personalidad. Cualquier patrón específico de pensamiento y sentimiento puede expresarse como sano, peculiar, estilos de personalidad o expresadas de una forma más florida como trastorno de personalidad diagnosticable clínicamente. Los psicólogos reconocen 10 tipos distintos de personalidades que, al manifestarse de forma intensa, representan a su vez 10 trastornos de personalidad diferentes.
Fin Primera parte

18 diciembre 2007

Ansiedad y obesidad

Un estudio reciente demuestra que las personas obesas tienen más probabilidades de padecer trastornos de ansiedad y de personalidad, comparadas con las que no lo son. Sin embargo, no está claro si la obesidad ocasiona estos problemas o si los desordenes psiquiátricos provienen de la obesidad en sí misma.
"Es un camino de dos direcciones", comenta el Dr. Gregory E. Simon del Center for Health Studies, Group Health Cooperative en Seattle.
"La persona que vive con ello diariamente, lo sabe, añade. Nosotros nos limitamos a poner números desde una perspectiva de salud pública".
Simon y su equipo efectuaron este estudio de una muestra representativa de 9.125 hombres y mujeres que proporcionaron información detallada sobre su salud mental mediante entrevistas personales.
Las personas con una masa corporal de 30 ó mayor tenian el 21% de probabilidades de experimentar una depresión mayor en un momento de sus vidas, comparados con las personas delgadas; así como también aumentaba el riesgo de padecer un trastorno bipolar en un 47%, y también un 27% más propensas a padecer un trastorno de pánico o agorafobia (el miedo a estar en lugares donde sea dificil conseguir ayuda, como en medio de una multitud, al traspasar un puente o encontrarse solo fuera de casa).
El mismo estudio, no obstante, demuestra que las personas obesas tienen el 22% menos de probabilidades de sufrir un trastorno de abuso de subtancias.
Entre estas asociaciones, no se encontraron diferencias entre hombres y mujeres.
Sin embargo, comprobaron que la asociación entre obesidad y trastornos de personalidad era estadisticamente significativa solo entre blancos no hispanos y aquellos con 12 o más años de formación académica. La obesidad es menos común entre esos grupos, indica Simon, pudiendo ser debido a que está más duramente estigmatizado y por ello más susceptible de causar depresión.

El y sus colegas, se hallan ahora en medio de una investigación adicional sobre cómo la obesidad puede influenciar en la salud mental y viceversa, comprobando dietas y actividad física.

Por Anne Harding
NEW YORK (Reuters Health) -
Fuente: Archives of General Psychiatry, July 2006.

05 diciembre 2007

!Bienvenido, chocolate negro!

Disfrute del chocolate negro, tenga una vida sexual plena, coma alimentos crudos y pescado para desayunar y podrá así dar un impulso considerable a su capacidad cerebral, dicen los autores de un nuevo libro.
El psicólogo cognitivo Terry Horne y el bioquímico Simon Wootton, coautor de Teach Yourself: Training Your Brain (Enséñese a usted mismo: Ejercite su mente), indica que las elecciones de estilo de vida son cruciales para mantener en condiciones óptimas su salud mental.
Los autores dicen que el libro está basado en las recientes y más importantes investigaciones científicas realizadas en todo el mundo sobre ansiedad.
"El estilo de vida puede aumentar su potencia cerebral –ayudando a crear las condiciones químicas adecuadas en su cerebro”, dice Horne.
También comenta que el cerebro se asemeja más a una industria química que a un computador.
"Usted puede crear las condiciones óptimas en su cerebro; en realidad, no es una víctima pasiva de sus genes”, asevera.
Los autores están en contra de la opinión de aquellos que creen que es inevitable experimentar una disminución de las habilidades cognitivas a partir de los 17 años en adelante.
Con una elección cuidadosa de su estilo de vida “puede crear más capacidades cognitivas”, dice Horne.
Ofrecen una lista sobre qué hacer y qué no e insisten en que las personas pueden efectuar una actitud activa por lo que hace al mantenimiento de la agilidad de su cerebro y su ansiedad. La mayoría son de sentido común:
“El estrés no es bueno para sus pensamientos”
“Evite la toma excesiva de alcohol”
“Evite fumar cualquier tipo de sustancia”
Lo más curioso es que los autores incitan también a los lectores a evitar los culebrones y Horne dice: “No se mezcle con gente negativa, desengañada o que siempre se esté quejando por todo”.
El libro está lleno de consejos prácticos sobre cómo mantener el cerebro en perfecto funcionamiento.
“Los alimentos crudos y el pescado son buenos en el desayuno”
“El chocolate negro es también bueno porque contiene muchos de los elementos químicos presentes cuando el cerebro está pensando correctamente. Relaja los músculos alrededor de sus vasos sanguíneos y mejora realmente el fluido de la sangre en su cerebro”.
Luego, investigaron acerca de las siete fases del sexo desde el inicio hasta la sensación de bienestar posterior. “En cuatro de estas siete etapas vimos la misma química que ayuda en el proceso del pensamiento”, define Horne.

30 noviembre 2007

¿Cómo crear una lista de cosas para hacer?

Muchos días parecen traernos un aluvión de tareas y responsabilidades, las cuales, en apariencia, debemos asumir dándoles solución cuanto antes. Uno se pasa el día “apagando fuegos”, pero quizá al finalizarlo no se ha conseguido resolver casi ninguna de las cosas importantes que nos habíamos marcado. El resultado: se acrecienta nuestra ansiedad.
En el colmo de la desesperación, planea efectuar una lista de objetivos--aunque la mayoría de los días sólo puede hacer algunos progresos y cuando uno se atreve a mirar la lista cada mañana, una gran nube negra suele situarse justo encima de nosotros—esas tareas difíciles, complejas e importantes tan cruciales y que deben hacerse y, por otro lado, tan fáciles de evitar.
La mayoría de nosotros creamos una lista de cosas para hacer con la intención de evitar que los sentimientos que nos provocan nos sobrepasen, aunque raramente solemos utilizar las herramientas a nuestro alcance para obtener los mejores resultados. Al contrario, los asuntos empiezan a dar vueltas en nuestras cabezas provocando culpa por el hecho de sentirnos saturados y de que perdemos el control de nuestras prioridades.
¿Existe una forma mejor de confeccionar una lista sobre las tareas a hacer? Los expertos dicen que sí, aunque hay una forma correcta y una incorrecta de hacerlo.
De acuerdo con el investigador Timothy Pychyl, Ph.D., profesor de psicología en la Universidad de Carleton en Ottawa, Canada, “las personas acostumbran a realizar una lista de sus tareas más importantes—durmiéndose luego en sus laureles. La lista se convierte en los logros del día que nos permita sentir que hemos hecho algo útil, sin que ello represente un trabajo real para nosotros”.
La verdad es que confeccionar una lista se convierte en una forma de evitar el trabajo en sí mismo. “Demasiado a menudo, la lista en sí se contempla como un “logro” del día, reduciendo de forma inmediata la culpa que proporciona la sensación de trabajar realmente en las tareas, invirtiendo nuestras energías en la lista”, dice Pychyl. "Cuando se utiliza una lista para tal fin, es simplemente una forma de mentirnos a nosotros mismos”.
Es un ejemplo de lo que ha venido a denominarse “campo de evitación”: nos preparamos para actuar, nos fijamos objetivos para conseguir hacerlo, pero en realidad no lo ponemos en práctica. En su lugar, perdemos el tiempo en sentirnos muy mal, limitándonos a trazar círculos sobre los proyectos, una y otra vez.
Para muchas personas, la lista es utilizada para atender la gran cantidad de pequeños detalles que requieren especial atención. El hecho de sumergirse a sí mismo en tareas complicadas es una forma efectiva de evitar las tareas más importantes y desafiantes. Pychyl dice que estas actitudes suelen perderse en actividades de baja prioridad, activando las que se hallan en segundo o tercer nivel, en lugar de afrontar las cosas que realmente se necesitan.
• Para hacer más fácil el inicio de tareas de mayor dificultad, los expertos sugieren dividirla en pequeñas partes compuestas de actividades específicas y tangibles. Las investigaciones han demostrado que las tareas que no tienen un plan o estructura de acción obvias son las más difíciles de afrontar.
• Relacione acciones especificas, así como objetivos a alcanzar. Quizá su lista tenga una apariencia más larga de esta forma pero, paradójicamente, será para usted una herramienta más fácil de manejar.
• Haga un diagrama. Este tipo de lista le indicará o ayudará a programar “cuándo iniciar y cuándo acabar la tarea”, dice el psicólogo y consultor Neil Fiore, autor de The Now Habit. " Usted crea una visión global y actúa como lo haría un director de proyectos, con lo cual es menos probable que se agobie o distraiga por tareas de baja prioridad o momentáneas”.
• “Cada tema de la lista debería tener asignada una determinada importancia”, comenta. Otra forma de motivarse a usted mismo podría ser mediante la programación de tareas de forma alternativa: pasar una hora en un asunto de prioridad uno y luego premiarse haciendo algo más sencillo y de inferior importancia durante los siguientes 30 minutos.
• Las listas ayudan a mantener el impulso. Si está trabajando en una importante pero difícil tarea y aparece un pensamiento que interesa a una responsabilidad distinta, apúntelo y vuelva sobre el mismo al cabo de una media hora más o menos, después de trabajar en el primer proyecto.
• Fiore comenta también que el esfuerzo de realizar una lista le obliga a ser realista sobre la cantidad de tiempo de que dispone y a tomar algunas decisiones sobre prioridades. “Quizá no pueda hacerlo todo”, dice, “pero se podrá concentrar en la mejor forma de invertir su tiempo, en relación con sus prioridades mediante una óptica de sus limitaciones”.
Por: Kathleen McGowan

19 noviembre 2007

Diabetes y ansiedad

Científicos americanos han encontrado a través de sus investigaciones que los pacientes diabéticos con niveles altos de depresión,ansiedad y estrés tuvieron una mayor dificultad en hacer bajar su nivel de azúcar en sangre.

Un equipo del Medical College de Ohio estudió 18 adultos con diabetes insulina dependientes. La mitad de los participantes recibieron cuidados médicos y diariamente se les revisaba sus niveles de azúcar. La otra mitad aprendieron también técnicas de relajación en 12 sesiones de 45 minutos y se les invitó a practicarlas dos veces al día en sus respectivos hogares.
Los resultados fueron insertados en la revista Psychophysiology & Biofeedback.
Cuatro semanas después de finalizar el tratamiento, los investigadores se vieron sorprendidos al no encontrar diferencias significativas en los niveles de azúcar entre aquellos que habían seguido terapias de relajación y los que no.
Sin embargo, al efectuar una más profunda aproximación al estudio constataron que las técnicas de relajación beneficiaron a los pacientes que no sufrían depresión o ansiedad. Entre los 12 pacientes que no estaban deprimidos, aquellos que practicaron técnicas de relajación bajaron sus niveles de azúcar en sangre sobre un 9%, sin cambios en los restantes.
De forma similar, entre los nueve pacientes que no padecían ansiedad, los que practicaron las técnicas de relajación redujeron sus niveles de azúcar en sangre alrededor de un 12%, sin cambios en los restantes.
Otros investigadores han constatado que el tratamiento con terapia cognitiva-conductual o antidepresivos inhibidores de la recaptación de serotonina pueden mejorar y controlar el nivel de azúcar en sangre de los diabéticos con depresión.
Los científicos planean ahora estudiar los beneficios de añadir terapia cognitiva-conductual o antidepresivos a la terapia de relajación en el tratamiento de los diabéticos.

Un portavoz de la Asociación Británica de Diabéticos, indicó: “Cualquier alteración ya sea por estrés, emocional o física puede hacer elevar los niveles de glucosa en la sangre. Las técnicas de relajación como masajes o yoga pueden ayudar a reducir el estrés y como resultado ayudar a reducir dichos niveles. La Asociación recomienda que las personas que sufran diabetes y que estén considerando la posibilidad de realizar actividades tendentes a conseguir una mayor relajación, deberían consultar siempre con su doctor para que les aconseje la mejor para cada caso”.

15 noviembre 2007

¿Es la amistad verdadera un fenómeno a extinguirse?

Un reciente estudio muestra que la mayoría de los americanos admiten haber disminuido su círculo social, indicando además que no encuentran a nadie a quien contar sus problemas aumentando así su ansiedad.
El estudio, dirigido por sociólogos de la Universidad de Duke y la Universidad de Arizona,analizaron datos recogidos del General Social Survey desde 1985 hasta el 2004 sobre amistades entre americanos.
"La evidencia demuestra que los americanos tienen muy pocos confidentes y que los más allegados suelen formar parte del vínculo familiar", dijo el autor del estudio Lynn Smith-Lovin, profesor de sociología de la Universidad de Duke.

"Este cambio indica algo que no es bueno para la sociedad. Los lazos afectivos que unen a las personas contribuyen a crear una red segura y también compromisos cívicos y acciones políticas", añadió.

Los resultados, publicados en la revista American Sociological Review, puntualizan que la mayoría de americanos tienen ahora un promedio de dos personas con quien hablar de sus problemas --en comparación con tres personas en 1985. El 25% de las personas dijeron que no tenían a nadie en quien poder confiar.

Los datos también muestran que las amistades fuera de la familia están decreciendo, aumentando las que se encuentran en del seno familiar, formando como una "red homogénea, densamente conectada y cerrada, empequeñeciéndose y haciéndose más fuertemente interconectada y dirigida hacia los límites del núcleo familiar", indicó el autor.

El estudio también señala que:
• Los americanos blancos y con estudios tienden a ser los menos socialmente aislados.
• El 15% de los americanos tienen amigos íntimos con al menos una persona de otra raza, en comparación con el sólo 9% del último estudio realizado.
• Aproximadamente el 80% de las personas suelen hablar de sus problemas con los miembros de su familia y el 9% dicen realizar confidencias con su esposa.

"Nos sorprende ver este gran cambio. Somos prudentes --quizá escépticos-- sobre su intensidad. No es común ver cambios sociales de esta magnitud que no estén ligados a algún tipo de variación demográfica de la población”, comenta el investigador Miller McPherson, profesor de sociología en las Universidades de Duke y Arizona.

"Aunque este cambio estuviese de alguna forma exagerado, confiamos en que exista una tendencia a disminuir y las redes sociales más cerradas estén sólo centradas en matrimonios y parejas”, dice McPherson”.

Diana Kohnle
Via HealthDay News --

07 noviembre 2007

Emociones de cara al público

"Cada vez que una persona se ve forzada a reprimir sus sentimientos verdaderos, repercute en consecuencias negativas para su salud", asegura el Professor Dieter Zapf, investigador de las emociones y ansiedad humanas.

“Se planteó un curioso experimento, en el cual se juntó un grupo de personas en una sala simulando un centro de atención de llamadas. El grupo se dividió en dos partes, una que estaba autorizada para contestar libremente a los clientes y otra que tenía prohibido la contestación libre, y debía mostrarse siempre alegre y servicial. De la experiencia, se sacó en claro que aquellas personas que podían "contestar con libertad" mostraban aceleraciones cardiacas breves, después de colgar el teléfono; pero para quienes se tenían que mostrar amables, el “mosqueo” (es decir, aceleración cardiaca), se prolongaba en el tiempo”.

“Yo, particularmente, no entiendo que esto se pueda considerar algo nuevo. ¿Acaso no sabemos todos lo a gusto que nos quedamos al decir las verdades a la cara? Por lo que a mí se refiere, me quedo más ancho que largo, ¿o no es cierto?”

“No reservarse las emociones para uno mismo, no reprimir los sentimientos y, claro, decir la verdad, parecen ser la clave para conseguir llevar una vida con mejores condiciones de salud. Lo que yo creo es que esa es una de las causas que te pueden llevar a disfrutar de una mejor calidad de vida, experimentar menos estrés y evitar el caer en una depresión”.

“Investigadores alemanes aseguran que aparentar pasarlo bien en el trabajo es causa segura de enfermedad. Ese humor alemán... A lo que sin duda se refieren, en tono más serio, es que la gente que se dedica a trabajos de cara al público corren mayores riesgos de caer enfermos por estos motivos, ya que es sabido que, de cara al público, todo son buenas maneras y caras felices, aunque el propio público sea un verdadero depredador psicológico”.