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07 febrero 2007

Ansiedad... ¡ten calma!

Aprender a relajarse y modificar hábitos adquiridos por el acelerado ritmo de las grandes ciudades, es un buen inicio para no caer en trastornos de ansiedad desde temprana edad.
Gregorio Pérez Hernández, académico de la Facultad de Medicina de la Universidad Veracruzana, ha realizado un estudio donde se revela que la ansiedad es un padecimiento registrado con mayor frecuencia entre personas de 20 a 30 años. "Por ello es necesario comprender el contexto en que puede manifestarse y las diferentes opciones para su tratamiento".
Pérez Hernández comenta que actualmente se está dando mucha importancia al tratamiento de la ansiedad en infantes debido aque en la etapa adulta se puede caer en cuadros irreversibles o en complicaciones como las adicciones y farmacodependencia.
¿Qué es eso que llaman ansiedad? Es un trastorno dentro del marco de la afectividad. Si bien la ansiedad como tal es parte de la naturaleza humana y significa "sin tranquilidad" o "sin calma", la podemos definir como un estado emocional tenso, caracterizado por una diversidad de síntomas como dolor torácico, palpitaciones y disnea (dificultad para respirar). Se trata de un estado doloroso de la mente que anticipa algún evento desagradable sin que haya motivo aparente para éste. Incluye aprehensión o miedo anormal; dudas sobre la naturaleza y el peligro, la creencia de que la realidad es amenazante, y momentos en que la persona no se siente capaz de enfrentar aquello que teme.
¿Cuáles son las principales causas? En todo diagnóstico es menester que se consideren las áreas que conforman a todo ser humano: lo social, lo biológico y lo mental. Partiendo de ello, distintas escuelas proponen teorías diferentes sobre el surgimiento de la ansiedad: algunos dicen que es aprendida, otros que se debe a un desequilibro entre bioquímicos cerebrales (neurotransmisores), y en la escuela sicoanalítica, por ejemplo, a situaciones de manejo inadecuado de las pulsiones sexual o agresiva. También puede ser originada por el uso de sustancias tóxicas, ambientes estresantes, etcétera.
Es importante descartar desde el principio que los síntomas de ansiedad no sean debidos a la ingesta de algún tipo de sustancia ansiogénica: cafeína, anfetaminas o a una enfermedad médica como el hipertiroidismo.
¿Y los síntomas más comunes? Casi cualquier sistema o aparato de nuestro organismo puede reflejar síntomas de la ansiedad: irritabilidad, inquietud, sudoración excesiva de manos o pies, taquicardia, urgencia continua de orinar, diarreas o estreñimiento, palpitaciones, sensación de falta de aire, miedos, imposibilidad de estar en un solo lugar, insomnio, palidez, temblor, opresión o malestar torácicos, mareo, obsesiones, entre otros.
¿Qué aspectos de la vida se ven afectados? Prácticamente todos: el laboral, social, familiar, anímico, sexual, y en lo económico por el gasto de dinero que ocasiona.
¿Por qué aumenta en personas entre los 20 y 30 años? Se considera que en ese periodo, toda persona se encuentra en una interfaz entre el organismo y sus transacciones con el medio. Se espera que muchas metas, planes y logros se empiecen a concretar. Si alguien no ha sido capaz de "triunfar" a esa edad se siente fracasado. Esto incluye el no haber logrado consolidar una familia, que la sociedad no permita un adecuado desarrollo como conseguir un buen empleo, entre otros factores más.
¿Cuál es el tratamiento a seguir? Se consideran dos básicamente: sicofármacos y sicoterapia. Entre los fármacos están los ansiolíticos, neurolépticos o antisicóticos y antidepresivos. Las sicoterapias pueden ser individuales o grupales, con distintos enfoques (sicoanalítico, de orientación gestáltica, junguiana y una larga lista más). Además se incluyen las terapias de relajación y de meditación.
¿Hay acciones o actitudes que se pueden confundir con ansiedad? Los cuadros depresivos son de los principales, también el consumo de tóxicos con su respectiva etapa de abstinencia, problemas de la glándula tiroides, cuadros sicóticos, el trastorno por déficit de atención en los menores y adultos, y algunos trastornos de personalidad, primordialmente.

02 febrero 2007

Antídoto contra el miedo aprendido

Un estudio desarrollado por dos neurocientíficos de la Escuela de Medicina en Ponce ha encontrado que la corteza prelímbica del cerebro regula los miedos aprendidos en los animales.
Este descubrimiento podría ampliar las posibilidades de tratamiento a personas que padecen de trastornos de estrés postraumático y otros trastornos de ansiedad, ya que sugiere que con la manipulación de esta parte del cerebro se podrían controlar los miedos aprendidos, sin afectar aquellos reflejos innatos, necesarios para la supervivencia de cualquier organismo, explica el neurocientífico que dirige el proyecto, Gregory J. Quirk. “Estos resultados significan que se puede tratar estos desórdenes de ansiedad efectivamente y sin afectar aquellas áreas que son importantes para sobrevivir. Mucha de la gente que sufre desordenes de ansiedad, como el estrés postraumático, logran progresar y superar la condición pero hay una minoría significativa que no lo logran y siguen con el miedo. Esto podría ampliar más las posibilidades”, dice Quirk.
El científico explica que tradicionalmente el control y el procesamiento de las emociones como el miedo eran atribuidas casi exclusivamente a la amígdala cerebral. Este estudio, publicado esta semana en la revista The Journal of Neuroscience, básicamente altera esta concepción al atribuirle a la corteza prelímbica un rol importante en el control de los miedos aprendidos.
Kevin Corcoran, uno de los científicos que desarrolló el proyecto, explica que en el estudio, le enseñaron a las ratas a asociar un sonido que se prolongaba por 30 segundos con un choque eléctrico. Al día siguiente del aprendizaje, repitieron el sonido pero sin el choque eléctrico. Esto motivó que las ratas se paralizaran o “congelaran”, lo cual es una señal de miedo, durante el 70% de la prolongación del sonido. A otro grupo de ratas, a las que también se le había enseñado a asociar el sonido con el choque eléctrico, se le administró en la corteza prelímbica una pequeña dosis de la droga, Tetrodotoxin, que bloquea la actividad cerebral por un periodo corto de tiempo. Al repetir el sonido, sólo el 14% de las ratas permanecieron inmóviles. Sin embargo, el miedo innato o natural de las ratas no resultó afectado con el “bloqueo” de la corteza prelímbica, ya que prácticamente todas permanecieron inmóviles ante la presencia de un gato.
Quirk explica que este estudio, auspiciado por el Instituto Nacional de Salud Mental, se llevó a cabo en colaboración con la Universidad de Harvard. Esta institución universitaria estará encargada de corroborar estos resultados pero con humanos con trastornos de ansiedad para ver si, como se presume, la corteza prelímbica de las personas tiene exactamente el mismo rol que en las ratas.
El trastorno de ansiedad es diagnosticado cuando en una persona ésta es tan intensa que interfiere drásticamente con su calidad de vida. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, éste es el segundo motivo de consultas siquiátricas y sicológicas.

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21 enero 2007

Ataque de Pánico

En un mundo de presiones, conflictos, y donde el orden social se construye en base a amenazas, esta patología se evidencia más que en otras épocas.
Las palpitaciones se vuelven escandalosas, las manos comienzan a sudar, el cuerpo tembloroso no comprende qué está sucediendo. La opresión y el ahogo no dan tregua y el corazón se ha vuelto ya una máquina sin frenos. La sensación de muerte y de estar enloqueciendo lo cubren todo, y sin embargo unos minutos más tarde, la persona habrá recobrado la calma y el alivio.
Con estos signos, el “ataque de pánico” ya ha mostrado su carta de presentación a quien, posiblemente, jamás se le haya ocurrido que podría pasarle. El primer paso que darán esta persona y su familia será recurrir a una sala de emergencias, con la angustiante sospecha de un problema cardíaco. Más tarde los estudios y chequeos dirán que todo “está normal” y por entonces, el paciente ha comenzado a deambular por distintos consultorios y especialidades médicas buscando una respuesta que sólo llegará con el tiempo y un buen diagnóstico.
El “ataque de pánico” es uno de los trastornos de ansiedad más extendido en nuestra época y afecta a un 25% de la población en algún momento de sus vidas. Recién en 1978 fue descripto con precisión por la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, y tuvo que esperar hasta la década del '90 para que la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo reconociera como un trastorno mental.
Si bien la frecuencia con que hoy se oye hablar de este desorden hace sospechar que se trata de un fenómeno estrictamente contemporáneo, esto no es así. “Es de suponer que el trastorno de pánico siempre existió. Sucede que los programas de educación en salud, por distintos medios, lo hicieron más conocido y, por otro lado, el actual estilo de vida ansiógeno y plagado de fenómenos estresantes seguramente incrementó su incidencia”, comenta el Dr. Alfredo Gutiérrez, dedicado desde hace más de 20 años a estudiar, comprender y tratar los trastornos de ansiedad.
Godos experimentamos ansiedades normales. El problema sobreviene cuando estas ansiedades “se basan en una valoración irreal o distorsionada de la amenaza, constituyéndose en una ansiedad patológica. Cuando es muy severa y aguda, paraliza al individuo transformándose en pánico”.
Ya en su etimología, el término alude al dios griego Pan, quien se aparecía de repente en la noche causando terror en los humanos, y oiko (casa) guarda relación con la cueva donde se suponía que moraba este dios. Es esta sensación de terror que irrumpe repetidamente la que experimenta una persona en un “ataque de pánico”, episodio que a veces dura sólo 10 minutos. Tiempo suficiente como para que alguien pierda el control y pase el resto de sus días con temor a que vuelva a sucederle, ya que no se puede anticipar cuándo va a ocurrir.
El ahogo y las exigencias del mundo moderno contribuyen sin dudas al despertar de esta patología. Sin embargo el trasfondo para explicar su aparición es más complejo e incierto. “Una de cada 30 personas presenta, a nivel cerebral, un sistema de alarma muy sensible (hipersensible) y, en algún momento de su vida y sin motivo aparente, se dispara espontáneamente (como una falsa alarma) y sin peligro exterior cierto”, explica Gutiérrez. “El estrés físico o el estrés mental reiterado que pueden estar causados por accidentes, cirugías, pérdidas emocionales o desgracias, con frecuencia suelen ser antecedentes de la primera crisis de pánico. Pero las causas neurobiológicas y genéticas tienen hoy una respuesta incompleta”, añade.
Lo cierto es que la calidad de vida de estas personas se degrada a tal punto que llegan a evitar cualquier situación en la que puedan sentirse indefensas o exponerse en sociedad por miedo a un nuevo “ataque”. A menudo suelen resignar actividades diarias y normales como ir de compras a lugares llenos de gente, manejar un vehículo y, en ciertos casos, salir de su casa. Todo conlleva a limitaciones vitales y sufrimientos. “Estas personas esperan con miedo algún desastre personal, es el llamado miedo al miedo”, aclara Gutiérrez. “Modifican conductas habituales dejando de ser quienes eran, pierden seguridad, evitan ir a los mismos lugares donde ocurrieron los ataques o donde puedan sentirse desamparados. Se aíslan socialmente y no cuentan lo que les pasa por temor a que se los juzgue”, grafica.
Por distintos motivos, la incidencia de este trastorno es mayor en mujeres que en varones; la proporción es de 1 varón por cada 3 mujeres. Se estima que esta vulnerabilidad se debe a causas orgánicas (el sistema nervioso femenino es diferente al masculino), psicosociales (la sociedad no espera lo mismo de una mujer que de un varón), y también hay razones hormonales (los cambios que sufre una mujer a lo largo de su vida la hacen más vulnerable). La ayuda profesional se torna fundamental para superar estas crisis. Los tratamientos “se orientan primero a bloquear las crisis y luego al aprendizaje del paciente para afrontarlos sin temor y así disminuir su ansiedad o miedo premonitorio”, manifiesta este especialista en la materia. “La medicación específica constituye la primera línea de bloqueo de las crisis, y el aprendizaje de habilidades cognitivas y de comportamiento para afrontarlas. Los únicos tratamientos de efectividad científica comprobados hasta el momento son la farmacoterapia específica y la terapia cognitivo-comportamental”, asegura. Esta última es una terapia psicológica muy frecuentada en Europa y Estados Unidos. A diferencia de las terapias psicoanalíticas, ésta trabaja directamente sobre las conductas para modificarlas, y ayuda al paciente a cambiar sus patrones de pensamientos, sentimientos y acciones. Se trata, en definitiva, de una terapia en la que la persona debe participar en forma activa para aprender a controlar sus síntomas.
Muchas figuras mediáticas, en distintas oportunidades, han expresado haber sufrido ataques de pánico. La actriz estadounidense Kim Basinger fue una de las tantas en hacerlo público, razón por la que aceptó protagonizar el documental "Panic" donde cuenta sus momentos de pesadilla y cómo logró superarlos. Otros personajes del espectáculo norteamericano confesaron en entrevistas que habían sufrido ataques de pánico y trastornos de ansiedad, entre ellos Nicolas Cage, Barbra Streisand y Michael Jackson. Pero quizás el más extraño de los casos ocurrió mucho antes de que este desorden se definiera como tal: el naturalista Charles Darwin habría sufrido ataques de pánico y agorafobia (miedo a los espacios abiertos). Darwin era un viajero incansable, pero un año después de su regreso de un viaje de cinco años por Sudamérica y el Pacifico, comenzó a quejarse de una "incómoda palpitación en el corazón". El "misterioso" mal lo fue debilitando y durante años, los médicos le diagnosticaron problemas nerviosos, enfermedades tropicales, envenenamiento con arsénico, agotamiento intelectual y otras enfermedades, pero nunca dieron con la palabra correcta. Si Darwin viviera, su padecer hubiera tenido nombre y apellido: trastorno de pánico.
Crisis o ataque de pánico
Ataque de pánico: aparición temporal y aislada de miedo o malestar intenso acompañado de cuatro o más de los siguientes síntomas, que se inician bruscamente y alcanzan su máxima expresión dentro de los primeros 10 minutos:
Síntomas somáticos
-Palpitaciones o taquicardia
-Sudoración
-Temblores o sacudidas
-Sensación de ahogo
-Sensación de atragantamiento
-Opresión o malestar toráxico
-Náuseas o molestias abdominales
-Inestabilidad, mareos o sensación de desmayo
-Parestesias (hormigueos)
-Escalofríos o sofocaciones
Síntomas cognitivos
-Desrealización o despersonalización
-Miedo a volverse loco o descontrolarse
-Miedo a morir

18 enero 2007

Diversos usos de medicamentos

Algunos de los más recientes medicamentos antisicóticos aprobados para el tratamiento de la esquizofrenia y el trastorno bipolar, están siendo recetados a millones de estadounidenses para la depresión, la demencia y otros trastornos psiquiátricos, sin evidencia sólida de que dichos usos no contemplados sean efectivos, según un nuevo análisis de la Agencia de Investigación y Calidad de Atención Médica (Agency for Healthcare Research and Quality, AHRQ) del Departamento de Salud y Servicios Humanos.
El estudio financiado con fondos federales sobre la efectividad comparativa de estos fármacos, llamados antisicóticos atípicos, identificó el potencial de estos medicamentos para provocar graves efectos secundarios, en tanto señaló una "necesidad urgente" de más investigaciones sobre nuevos tratamientos para la creciente población de pacientes con demencia que exhiben agitación intensa.
"Este informe enfatiza la importancia de comprender los riesgos ybeneficios de distintos medicamentos", comentó la Dra. Carolyn M. Clancy, directora de AHRQ. "Es necesario tener cuidado con el uso no contemplado de los antisicóticos atípicos, especialmente cuando se los utiliza en ancianos, y cuando la evidencia de efectividad no es buena.
Los antisicóticos atípicos son medicamentos de segunda generación, diseñados para provocar menos complicaciones neurológicas que los antisicóticos convencionales. Entre ellos se incluyen el aripiprazol (que sevende como Abilify), olanzapina (Zyprexa), quetiapina (Seroquel), risperidona (Risperdal) y la ziprasidona (Geodon). Todas han sido aprobadas por la Administración de Drogas y Alimentos (FDA) para el tratamiento de esquizofrenia y trastorno bipolar, y la risperidona ha sido también aprobada para tratar la irritabilidad en niños de 5 a 16 años que padecen autismo.
Ciertos estudios sugieren que los antisicóticos atípicos pueden ayudar a los pacientes con enfermedades mentales para los cuales no existen alternativas aprobadas por la FDA. La risperidona y la quetiapina, por ejemplo, ayudan a ciertos pacientes con trastorno obsesivo-compulsivo, cuando se las utiliza en conjunto con antidepresivos. La risperidona y la olanzapina mejoran los trastornos del sueño, la depresión y otros síntomas en hombres con trastornos de estrés postraumático relacionados con experiencias de combate, cuando se las utiliza para aumentar la terapia con antidepresivos u otros medicamentos psicotrópicos.
En general, sin embargo, los investigadores descubrieron que gran parte de la evidencia científica para el uso no contemplado de antisicóticos era de calidad insuficiente, ya que los estudios eran demasiado pequeños o carentesde rigor científico.
Los autores de la revisión que evaluaron los potenciales beneficios y riesgos de los medicamentos encontraron también evidencia sólida de que los antisicóticos atípicos pueden aumentar las posibilidades de eventos adversos. Algunos de los fármacos aumentan los riesgos de accidente cerebrovascular, temblores, aumento significativo del peso, sedación y problemas gastrointestinales.
La nueva revisión fue producida por el programa Atención Médica Efectivade AHRQ. Fue realizado por el Centro de Prácticas Basadas en Evidencias del Sur de California/RAND de la AHRQ. El centro examinó 84 estudios publicados sobre antisicóticos atípicos, y resumió la evidencia sobre varias enfermedades:
*Demencia: Un análisis demostró un pequeño beneficio para la risperidona y el aripiprazol en el tratamiento de la agitación y la psicosis. Otro sugirió que la olanzapina puede ayudar a tratar la psicosis. Pero un estudio clínico mayor, que exploró si la risparidona, la olanzapina y la quetiapina controlaban los alteraciones de la conducta en pacientes con Alzheimer, concluyó que los riesgos de eventos adversos equilibraban a los beneficios potenciales.
En general, los análisis identificaron riesgos potenciales tales como un pequeño aumento en el riesgo de muerte, y aumento de las posibilidades de accidente cerebrovascular, problemas neurológicos (como temblores ocontracciones musculares) y aumento de peso.
*Depresión: Según la investigación, para los pacientes que no se benefician con los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), el uso suplementario de antisicóticos atípicos no fue beneficioso. Ningún estudio demostró que los fármacos proporcionen un beneficio claro para los pacientes con trastornos importantes de depresión con características psicóticas. La evidencia para depresión bipolar es contradictoria.
*Trastorno obsesivo-compulsivo: Los antisicóticos atípicos ayudaron significativamente a los pacientes que no responden adecuadamente a la terapia con ISRS, según los estudios. En general, los pacientes que tomaron los fármacos tuvieron 2.7 veces más probabilidades de mejora que los pacientes a los que se administró placebo. Las posibilidades de beneficios fueron mejores para la risperidona y la quetiapina.
*Trastorno de estrés postraumático: Los estudios en hombres con estrés postraumático relacionado con experiencias de combate demostraron que la risperidona y la olanzapina, al ser utilizadas con antidepresivos y otros medicamentos psicotrópicos, mejoraban la calidad del sueño, la ansiedad y otros síntomas. Los estudios no fueron concluyentes con respecto a los beneficios para mujeres.
*Trastornos de personalidad: Para los pacientes con trastorno de personalidad "borderline", un estudio sugirió que la olanzapina era más efectiva que el placebo, pero demostró escasos beneficios cuando se la utilizó para aumentar la terapia psicológica. No obstante, todos los estudios sobre olanzapina fueron demasiado pequeños, y los pacientes experimentaron un significativo aumento de peso. Otros dos pequeños estudios sugirieron que la risperidona puede ayudar a los pacientes con trastorno de personalidad esquizotípica, y que el aripiprazol puede ser beneficioso para pacientes contrastorno de personalidad borderline.
*Síndrome de Tourette: La risperidona es más efectiva que el placebo, según un pequeño cuerpo de investigaciones. Los beneficios de la ziprasidona son inciertos. La prescripción para dolencias no contempladas en las indicaciones es una práctica habitual pero relativamente poco estudiada en la atención médica. Un estudio financiado por la AHRQ en 2001 concluyó que alrededor del 21 porciento de los usos de medicamentos recetados fue para enfermedades no indicadas en la etiqueta. Los medicamentos cardiacos y los anticonvulsivo serán los fármacos más frecuentemente utilizados para indicaciones no contempladas. El estudio afirmó que la mayoría de los usos para indicaciones no contempladas se produce sin fundamento científico.
El informe divulgado hoy, Efficacy and Comparative Effectiveness of Off-Label Use of Atypical Antipsychotics (Eficacia y efectividad comparada del uso de antisicóticos atípicos para indicaciones no contempladas en la etiqueta), es el análisis más reciente del programa de Atención Médica Efectiva de la AHRQ. Este programa representa el primer esfuerzo federal para comparar tratamientos alternativos para enfermedades significativas, y hacer públicos los resultados. El programa apunta a ayudar a pacientes, médicos, enfermeros y otros a elegir los tratamientos más efectivos. Puede encontrarse información, incluidos los informes completos, en http://www.effectivehealthcare.ahrq.gov. FUENTE Agency for Healthcare Research and Quality